Relatos Cortos

Un extraño envio y otros relatos

Escrito por Julia Otxoa

Carta número uno
Querido Ricardo: Hoy me ha ocurrido algo extraordinario,
he ido como todas las mañanas a la oficina de correos
a recoger nuestra correspondencia y me he encontrado
un envío a mi nombre de la editorial Rosenburg, un
voluminoso libro que lleva por título ” La mujer salvaje “.
El tema me ha extrañado bastante hasta el punto que he
llegado francamente intrigada a la cita que tenía con el
carpintero al que habíamos encargado los muebles para la
sala, y la verdad, no he prestado mucha atención a las medidas,
con lo que supongo al final puede resultar todo un
pequeño desastre.
El envío me ha dejado perpleja, al principio he pensado
que mi nombre figuraba en la lista de críticos literarios
de la editorial y me lo habían hecho llegar para que hiciera
alguna reseña sobre él , pero de todas formas no dejaba de
ser extraño que la editorial Rosenburg de reciente ubicación
en nuestro país pudiera tener mi nombre y dirección
en sus archivos.
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Así que nada más llegar a casa he llamado al departamento
de relaciones públicas de la editorial y les he preguntado,
allí me han informado que mi nombre no figuraba
en ninguna de sus listas, y que el envío se había hecho
por orden personal del director de ediciones señor Pinard,
pero que ese señor se encontraba de viaje y que no volvería
hasta dentro de un mes. Imagínate Ricardo, yo no conozco
para nada a ese tal señor Pinard ¿ Cual ha podido
ser el motivo que le ha llevado a enviarme ese libro precisamente?
Presa de una gran confusión me he dirigido al diccionario
y he buscado la palabra salvaje, el término tiene su
origen en el latín ” silvaficus” derivado de selva, se dice de
las plantas silvestres no cultivadas, también de los animales
no domésticos: agreste, bagual, cimarrón, arisco, feroz,
montaraz. Hay un tercer significado utilizado para los
terrenos no cultivados, abruptos y escabrosos. El término
es aplicable también a aquellos pueblos o individuos que
no participan de la civilización general, antropófagos, caníbales.
Finalmente se denomina de este modo a todo lo
desmesuradamente encendido, violento e irrefrenable.
Dios Santo, Ricardo ¿ Te das cuenta ¿ Todo lo que ese
señor Pinard me ha llamado simplemente con el título de
ese libro, pero ¿ por qué? . ¿Qué le he hecho yo?.
En fin no me lo explico, pienso constantemente en ti y
espero que tu primera cita con Mister Lost fuera excelente
y tu proyecto pueda salir adelante como mereces. Ya me
tendrás al corriente de todo ello.
Ahora te dejo para seguir con mis investigaciones.
Escríbeme pronto, un beso
Juliette Sousa
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Carta número dos
Querido Ricardo: ¡ Qué bonita la postal que me enviaste!
¡ El hotel en el que te alojas es precioso! Cuanto
me alegro que a Mister Lost le gustara tu proyecto. Cuando
regreses lo celebraremos por todo lo alto. Además, espero
que algún día podamos viajar juntos a ese paradisíaco
lugar.
Por lo demás, aquí, lo que me temía ha ocurrido, el
otro día, nerviosa como estaba por lo del extraño envío del
señor Pinard le di al carpintero las medidas equivocadas, y
hoy, cuando han venido a entregarme los muebles, ha resultado
que eran demasiado grandes y no cabían por la
puerta de nuestra casa, así que la alacena, los dos sillones
y la estantería han quedado en el descansillo, ya que los
obreros que los han traído se han negado a llevárselos de
nuevo. No se lo reprocho, ellos no tienen culpa de nada.
La puerta de nuestra casa ha quedado totalmente bloqueada
y no se puede abrir, los muebles están apilados
contra ella. Con lo que me es del todo imposible acceder
al exterior, y aunque por un milagro pudiera hacerlo, me
resultaría extremadamente peligroso intentar alcanzar la
escalera, ya que primero tendría que ascender por el sillón,
y la alacena, para poder llegar hasta la estantería, pero esta
última está en un equilibrio tan inestable, que lo más seguro,
suponiendo que pudiera llegar hasta ella, mi peso haría
desequilibrar toda la torre de muebles, e inevitablemente
rodaría escaleras abajo. Y eso no me lo puedo permitir,
después del infierno que supuso la última rotura de tobillo
que me tuvo casi tres meses inmovilizada
De todos modos no es esa mi principal preocupación,
lo que verdaderamente me sigue intrigando e
intranquilizando hasta el desasosiego, sigue siendo el ex-
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traño envío del señor Pinard, el tema me está afectando
mucho, tengo el sistema nervioso francamente desquiciado.
Fíjate, yo, que tan buen apetito he tenido siempre,
apenas como y lo que más me preocupa es que no consigo
dormir, paso las noches en blanco.
Y ya que no puedo conciliar el sueño, al menos trato de
aprovechar el tiempo, y me dedico a investigar hasta que
amanece todos los posibles significados del término salvaje,
con el fin de dar con alguna pista que acabe de una
vez con todo este embrollado asunto.
Por ejemplo, ayer de madrugada me enteré hojeando el
diccionario del lingüista Torres Villarejo, que salvaje, también
es sinónimo de hotentote, cafre, Indio, aborigen,
beduíno, inicuo, irracional. Luego, como no tenía ni idea
de que era aquello de hotentote, he consultado el diccionario
del uso del Español de Carlos Hinojosa, pues bien, así
he sabido que hotentote es todo aquel individuo perteneciente
al pueblo de los hotentotes, en la parte meridional
del suroeste africano. Los hotentotes, del grupo khoisan
próximos a los bosquimanos, son nómadas que viven de la
cría de ganado, están organizados en clanes exógamos con
residencia patrilocal ,gobernados por un consejo de autoridades
clánicas. El agua, valiosísima en sus regiones secas
y pobres desempeña un papel importante y ambivalente
en los ritos que acompañan a los cultos tributados al dios
creador y al del mal.
Ricardo, ¿ Qué debo pensar tras leer todo esto?. ¿Qué
tal vez para este señor Pinard, yo, por alguna razón que
desconozco totalmente, soy similar a un hotentote? Tú
mejor que nadie sabes con que extremada delicadeza trato
de realizar todas mis críticas literarias, teniendo siempre el
máximo cuidado de decir las cosas deL modo más humano
posible, para que aún en el caso de que mis escritos
alberguen aspectos, juicios negativos hacia cualquier obra,
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mi crítica no resulte cruel sino constructiva.
Por otro lado, la reacción de los vecinos ha sido muy
positiva, se han hecho cargo de la situación y me han brindado
su solidaridad y cariño. ¡ Cuanto agradezco a todos
su comprensión en estos momentos.! Teniendo en cuenta
lo que supone para todos aquellos que viven en pisos superiores
no poder bajar a la calle, no poder acudir a sus
respectivos trabajos en una palabra, haber roto de pronto
su rutina, su dinámica cotidiana. Ellos se dan cuenta de mi
preocupación por esta imprevista y desagradable circunstancia
y tratan de quitar hierro al asunto, diciéndome que
la torre de muebles que nos cierra el paso de acceso a la
escalera no es culpa de nadie, que ese tipo de cosas pasan,
que no me preocupe, porque seguramente se trata de un
molesto problema que tendrá pronto solución.
Mientras, para paliar de algún modo las dificultades,
Luis Fernández el que vive en el cuarto izquierda ha ideado
un sistema de cuerdas y poleas, por el que bajan y suben
tanto su familia como los vecinos del quinto, de ese
modo, no interrumpen del todo el ritmo de sus vidas, y yo
no cargo con una culpabilidad que sería muy poco recomendable
para mis nervios en estos momentos.
Incluso Laura Shenell la del quinto derecha, se descolgó
el otro día hasta nuestro balcón y se ofreció para traerme
lo que pudiera necesitar, estaba resplandeciente de alegría,
vestida con ropa deportiva me dijo que volvía a sentirse
en forma, que subir y bajar varias veces por el sistema
de cuerdas y poleas estaba fortaleciendo extraordinariamente
sus músculos, que incluso su circulación sanguí-
nea había mejorado, y que ahora ya no se levantaba como
lo hacía antes con aquellos molestos dolores de cabeza.
Yo, la verdad, no supe qué decir, me sentía tan feliz con
todo aquello que me estaba contando que incluso mientras
duró su visita olvidé por unos momentos el motivo de mi
desasosiego.
¡Como me gustaría que estuvieses conmigo Ricardo!
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¡ Cuanto te echo de menos!
Esperando verte pronto, un beso.
Juliette Sousa
Carta número tres
Querido Ricardo, me pides en tu última carta no me
olvide que el día 14 son las votaciones , no te preocupes,
ya lo tenía en cuenta, y ante la imposibilidad de acercarme
hasta el colegio electoral, la verdad, no soy capaz de descender
hasta la calle por el sistema de cuerdas y poleas
como lo hacen el resto de los vecinos, ya conoces mis viejos
problemas de vértigo, he solicitado del Ayuntamiento
traslade hasta nuestro domicilio una pequeña mesa electoral
con su correspondiente presidente, vocales y representantes
de cada partido político, pues bien, hoy precisamente
el cartero ha ascendido hasta nuestro balcón por el
sistema de cuerdas a primera hora de la mañana y me ha
entregado la respuesta de la alcaldía, acceden a mi petición,
y el día de las votaciones se acercará hasta nuestra
casa un pequeño cortejo electoral. He pensado instalar la
mesa en la salita, y colocar las distintas papeletas detrás
del biombo, luego, una vez que haya depositado mi voto
en la urna, invitaré a todos a un pequeño aperitivo. Y de
paso en ese ambiente que supongo relajado, recabaré la
opinión de todos ellos, sobre las diversas acepcionesdel
término salvaje. Dime Ricardo, si esto último te parece
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adecuado, o mejor debiera guardar discreción sobre este
tema.
Hasta muy pronto
Un beso
Juliette Sousa
Carta número cuatro
Querido Ricardo: Ya pasó el día de las votaciones, seguí
tus consejos y no comenté con nadie el asunto del
término salvaje, todo ocurrió con normalidad según lo esperado,
excepto otro extraño incidente a última hora que
ha venido a sumarse a mi anterior preocupación por el
molesto asunto del señor Pinard, y es que tal como te había
relatado en mi última carta, el día de las votaciones
vinieron a nuestra casa seis personas, el presidente de la
mesa, un vocal, y cuatro representantes de los cuatro partidos
presentados a estas elecciones, pues bien, a la hora de
despedirse, tan solo conté cinco .¿ Como puede ser semejante
cosa? Me pregunté una y mil veces, recorriendo cada
rincón de nuestra casa sin encontrar absolutamente a nadie.
A pesar de todo no estoy tranquila y cuando por las
noches me encierro en la sala rodeada de diccionarios, coloco
todos los muebles que puedo contra la puerta. A veces,
me parece oír ruidos en la cocina, como si alguien
abriera el frigorífico y se sirviera un vaso de leche. Pero
enseguida trato de no pensar ese tipo de cosas tan absurdas,
y me concentro de nuevo en la investigación de mis
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diccionarios. Te aseguro que no son imaginaciones mías.
Cuento los días que faltan para tu regreso
Un beso.
Juliette Sousa
Carta número cinco
Querido Ricardo: Lamento decirte que por aquí las
cosas no van nada bien, ya que lejos de aclararme con el
significado del término salvaje, según transcurren los días
su indagación me resulta cada vez más ardua y complicada.
Y es que por ejemplo cuando el lingüista Torres Villarejo
habla del significado de la palabra salvaje lo asimila a aborigen
y a beduino, pues bien, voy a aborigen y me encuentro
con una hilera interminable de significados: oriundo,
natural, originario, primitivo… tras beduino otro tanto berberisco,
nómada, árabe ,desaforado, inculto, incivil… y finalmente
como inculto se me presentan un sinfín de significados:
perverso, maligno, ultrajante, abusivo, inmoraL..
¿ Qué debo entender según este diccionario, qué soy
similar a un beduino, a un autóctono, pervertido, natural,
nómada, desaforado, árabe e incivil? No entiendo nada
Ricardo, ¿ Por qué no existe una sola definición para las
cosas? Después de hojeados todos estos diccionarios no
sé realmente si ese señor Pinard con su extraño envío ha
tratado de elogiarme o ultrajarme.
Además Ricardo, como últimamente no contestas a mis
cartas, me da la sensación de encontrarme aún más sola
frente a mis preocupaciones. Ya me imagino que cuestio-
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nes de trabajo te impedirán hacerlo, pero envíame aunque
solo sea un abrazo por escrito, eso me reconfortará, tú sabes
cuanto lo necesito.
Un beso muy fuerte
Juliette Sousa
Carta número seis
Querido Ricardo: ¿ No tenías que haber regresado ya ?
No me habías dicho que volvías el martes 27 ? Estoy empezando
a preocuparme, no sé nada de ti desde hace más
de quince días, teniendo en cuenta que desde que te fuiste
prácticamente me has escrito una carta diaria, tu comportamiento
es incomprensible. ¿ Qué está ocurriendo? ¿Estás
enfermo? ¿Son cuestiones de trabajo lo que te retienen
en Singapur.?. Ponte en contacto urgente conmigo Ricardo,
por favor.
Mi situación es cada vez más desesperada, mí espacio
vital se ha reducido considerablemente, no ya solo debido
a las pilas de libros y diccionarios desparramados por el
suelo, sobre las mesas, sobre las sillas, sino también al
hecho de que nuestra pequeña sala de estar se ha convertido
en el único lugar donde me siento segura, en ella paso
la mayor parte del tiempo, ya que debido a los cada vez
más evidentes sonidos de todo tipo provenientes de la cocina,
aumenta mi certeza de que en nuestra casa permanece
aún escondido algún miembro del cortejo electoral. Esta
noche pasada por ejemplo, después de servirse el consabido
vaso de leche, ha estado oyendo la radio hasta las tantas,
y no pienses que son imaginaciones mías, no, por la
mañana el vecino del quinto izquierda se ha descolgado
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hasta el balcón y me ha aconsejado amablemente que a
partir de unas ciertas horas, y por respeto al descanso del
resto de los vecinos trate de poner la radio un poco más
baja. ¡Qué bochorno he pasado! Me he sentido totalmente
incapaz de explicarle lo del cortejo electoral y todo eso,
sencillamente le he pedido disculpas por las molestias y le
he prometido que no volvería a ocurrir. No sé que hacer.
Por otro lado trato de pensar continuamente que de un
momento a otro vendrás y te sentiré ascender por el sistema
de cuerdas y poleas, cantando como siempre que regresas
a casa después de un viaje, sonriendo elegantísimo
con el viejo gabán que te regaló el abuelo y el sombrero
gris de ala ancha que tanto me gusta.

Acerca del autor

Julia Otxoa

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