Relatos Cortos

El profesor

Escrito por Ángeles Ramos

Ahí estaba!! con su chaqueta verde y sus pantalones de pinza. A punto de comenzar su curso o mejor dicho ya lo había empezado, lo que pasa que un pequeño contratiempo lo obligó a retrasarse. Oh sí!! ese pequeño contratiempo poniendo como excusa una conferencia en Suiza.
Claro, puede que eso se lo tragansen los alumnos, pero desde luego eso no era nada creíble, pero bueno por una vez que no pase… bueno, una vez…, en realidad ha pasado más de una vez, lo que pasa es que ya conoce al decano y un par de colegas le cubren cuando el no quiere.
– Me encantaría poder ir a Berlín ahora.
Que ilusión!! iría a Berlin para el próximo año, pero esta vez se quedaría como una semana tarde, aunque esta vez han sido tres días. Daría su primera clase de inicio en este nuevo cuatrimestre, ¡¡estaba tan feliz!! con sus tirantes de pinocho y sus pantalones de gilipollas al estilo Julián Muñoz y, se presentaría ante sus alumnos de nuevo, experimentaría de nuevo su sacia por joder al alumno. A todo aquel que se atreviese a desafiarle suspenso al canto ¿y qué más da? si ya tiene mala fama y no lo pueden despedir, así que que más le da.
Se puso su sombrero en la cabeza, típico sombrero de campesino jorobado, y tiró para su despacho, aunque si fuese un buen profesor lo primero que haría sería correr para no llegar tarde porque ya llevaba como cinco minutos de retraso, pero su típica excusa es:
– Soy muy mayor, no puedo ir tan rápido.
Otro le hubiera dicho:
-Pues abuelo, jubílese ya!!
Pero el no, el jamás se olvida de una cara, tiene el profundo deseo de conocer a sus alumnos, de saber todo de el para darle precisamente donde más le duele. El punto débil de cada uno, para saber cuales son los peloteros, los perfectos, los pasotas, los callados, el ligón y los que charlan demasiado. En realidad por delante pondría buena cara, pero por detrás se las tendría jurada a cada uno y, los que no soportaba eran los que no hacían nada la pelota. Esos llegaban a clase, se sentaban y directamente cogían sus apuntes sin más, no preguntaban y seguro que si tenían alguna duda lo buscaban en un libro, pero para asegurarse de que esos fracasaran se aseguró en poner en la bibliografía del programa libros que para el le eran interesantes, pero que a ellos les costaría trabajo encontrar o por el contrario dificiles en materia de comprensión. Cambiaría el temario para que no acudieran al típico temario de la UNED, ya que el acudió alguna que otra vez a esos apuntes tan fáciles de entender. Aparte tampoco soportaba aquel profesor que habían puesto que se encargaba de llevar la asignatura de Teoría del Arte, ese tal Jordi? Jordá? o como fuese su nombre, además era un prepopetente… bueno, en realidad no lo era, pero le caía mal que cada vez que un alumno le preguntaba y él se lo explicaba de manera que lo entendiese, era un vulgar profesor. Los buenos profesores solo usan lenguaje técnico y el solo usa tonterías: trabajos obligatorios… bla bla… tonterías.
Sin más dilación, en lo más profundo de su corazón lo odiaba y lo odiará eternamente, puesto que este tipo le quitó la asignatura en la UNED y el iba a por todas.
Saludos de sus compañeros de trabajo a el le recuerdan sus éxitos y galardones que se ha llevado. Nadie podía poner en duda su puesto en la facultad, era muy querido, pero odiado por sus alumnos y otras veces amado por los peloteros, por eso intentaba joderlos lo mínimo porque sabía que ellos hablarían muy bien de el.
Cruzando el pasillo hasta llegar a su despacho y allí, al abrir la puerta encontró en la mesa de su despacho junto a su lamparita un sobre que decía así: “Para Rafael, el mejor profesor”
¡¡Qué alegría!!! una maravillosa carta de un alumno pelotero dirigida a el y ¡¡personalizada!! ¡¡ Qué ilusión!! No podía esperar más, se sentaría y sus alumnos que esperaran.

“Estimado profesor:

Primeramente le envío mi más sincera enhorabuena por seguir ocupando después de tantos años el lugar que se merece en la facultad, por sus galardones conseguidos… desde luego he revisado su curriculum, es brillante, y dada las circunstancias he de comunicarle que es usted un profesor excelente y tan excelente que no tengo palabras para describir como me siento al asistir presencialmente a sus clases. Tan feliz me siento que he de transmitirle mi más sincera enhorabuena y, si en algún momento algún alumno le desprestigia siempre me encargaré de defenderle, de defender su enseñanza, su altanería, su profesionalidad y su esmero por hacer que todos le escuchemos y le prestemos atención, sobre todo de usar siempre el vocabulario técnico, que todo el mundo sepa distinguirnos, pues como usted dice nos debemos siempre que diferenciar del resto porque somos licenciados universitarios y pertenecemos a una rama que nos distingue, somos nobleza.
He oído barbaridades de usted y he de confesarle que me siento decepcionado al no ver como sus alumnos no son capaces de reconocer al grandísimo profesional que tienen delante, con un curriculum excelente en el que todo el mundo se pelearía por usted. Y menos mal!! que usted se encuentra en España, porque si usted se encontrara en Francia o en Inglaterra incluso en la mismísima Finlandia he de decirle que a usted le sobraría tiempo para contestar a todas las ofertas y halagos, pero la triste realidad es que está demasiado lejos de la ficción.

Por más que miro su curriculum, celebro sus galardones, no puedo dejar de pensar en lo pésimas que son sus clases, en su voz tan baja que hasta la voz del mismísimo Alejandro Sanz o del mismo Rosendo llega hasta las ultimas filas de sus conciertos, mientras que la suya no llega ni a la mitad. Su voz es tan repelente, tan baja y a la vez tan alta que me recuerda a un pentagrama musical. Me resulta tan difícil tomar apuntes en sus clases que cuando llega a los bajos no sabría que tipo de tono desea usted darle a la melodía, si un do en clave de sol o en re. Discúlpeme, pero cuando se trata de música soy un autentico ceporro.

Bien, le felicito por haberme suspendido a mi y a todos mis compañeros de clase y, supongo que seguirá con la misma tónica. A mi, especialmente llevo solo tres, y he decirle que siempre estoy de acuerdo con sus perspectivas hacía mi. Seguramente usted no me recuerde, pero he decirle que tuve que cambiar de universidad y marcharme a la UNED. Supongo que tenía usted razón cuando me decía que mis exámenes eran de los peores y mi respuesta siempre era:
– Profesor, pero si le he razonado correctamente. Puede que no vaya a sus clases, pero está bien el examen.
Cuando iba a las revisiones eran de las mejores, salía con la moral por los suelos. Cuando alguien me decía lo mal profesor que era usted, yo le respondía y le defendía con estas palabras:
– Es lo peor que ha parido su madre.
Otra de las cuestiones que quiero tratar con usted es que su voz es tan fina y tan linda que ni el mismísimo micrófono que se encuentra a años luz de su boca es capaz de transmitir lo maravillosa que es su voz. El micrófono es hasta egoista. Se ha dado cuenta de lo preciosa y afable que es su voz que nos la quiere robar escuchándole solo el mismo.

Otro de sus aspectos son sus maravillosas explicaciones. En el fondo del corazoncito de sus alumnos se encuentra un corazón tan inspirador, noble y admirador que, aunque nos quejemos de ud. siempre estarémos aplaudiendo sus clases aunque sean lindezas como: es el más cabrón de toda la facultad, lo tiraría por las escaleras… en realidad no se ofenda, pero se lo decimos de cariño ya que ud es muy mayor y nosotros en ningún momento vamos a perjudicarle, al contrario somos muy generosos queriendo darle su jubilación merecida.

Bueno, espero que le guste mis lindezas y espero que se acuerde de mi. Aprobé con Jordi Bordera Jordá ¿se acuerda? su gran amigo, el de la UNED, el que le quitó la asignatura afortunadamente y, digo afortunadamente porque con sus años no sé si podría tener tanta capacidad para poder acapararlo todo y jodernos a todos ¡¡es una lastima!!.
En estos momentos estará pensando que de qué manera me va suspender, si durante dos o tres años o probablemente los años que a usted le dé la gana porque como la facultad es autónoma…
Pues siento desilusionarle, pero no va a ud a suspenderme este año, ni el siguiente, ni ningún otro porque como le dije anteriormente, aprobé en la UNED ¡¡a la primera!! tuve que estudiar más, pero no me importó… pues, tampoco me tendrá en otra asignatura, al contrario, me tendrá que ver justo todos los días ¡¡obligatoriamente!! ¡¡no es genial!!
Espero que lo adivine porque ud tendrá a partir de ahora el mejor año de su vida y, tanto que tendrá un nuevo compañero de celda jajaja. Sí, yo… nada más que yo. Cuando leí el cartel con su nombre, me quedé a cuadros y dije ¡¡ostia!! ¡¡¿todavía da clases el mejor profesor de la facultad?!! jajajajaja. ¡¡Qué ilusión!! voy a vengarme de ud de mi parte y de todos los alumnos, hasta de los compañeros a los que yo le caía mal, además voy a por todas este año. Tengo mucha energía.
Este año lamento mucho no poder joderle la asignatura pidiendola compartida con ud., pero no se aflige porque la pediré el año siguiente. Este año yo… y nada más que yo… voy a dar su preciada asignatura de primer curso… !!Técnicas artísticas!!! sé que le he jodido este año cuando la ha pedido, pero no podía resistirlo y, tenía que quitarsela. Le ruego, espero que contemple mi situación.
Si sale a la puerta, verá que en el cartel aún no está mi nombre todavía, pero lo pondrán. Esto tarda un tiempo ¿sabe?, pero no se quede muchas noches sin dormir porque no le conviene quedarse pensando en quien va a ser su nuevo compañero de celda. Tenga paciencia, que yo también estoy en una conferencia…
Cuando ví su nombre en el cartel, una profunda alegría asomaba dibujando una sonrisa en mi rostro… así que decidí avisarle mandandole esta carta que por supuesto está hasta personalizada. Espero que su rostro haya reflejado una profunda alegría de desilusión al leerme y aún más cuando me vea, pero no se impaciente… que me tendrá… ya queda poco para que esté yo allí. No se moleste, firmó ud el contrato sin darse cuenta de que era yo la persona que entraba en la facultad, así que ya no podrá joderme la firma de contrato. Es que, todo lo he meditado… dele tiempo al tiempo.

Bueno, espero que me dispense, pero debo de dejarle. Cojo un avión en dos horas y no voy a malgastar mi tiempo en un cascarrabias como ud. ya le dí la bienvenida. Menos mal que no entiende el ordenador y, si lo entiende lo maneja que parece un chimpancé delante de la pantalla. Recuerde, no maltrate al pc como si ud tuviese esquizofrenia. Espero que siga llevando esas maravillosas pajaritas de colores al estilo pinocho o esas corbatas de dibujitos animados tipo simpson y demás… porque le quedan horribles. Ud. no será el único a quien joda este año, también hay un compañero de clase al que también me la juró en su día, pero al que también se la devolveré, pero a él no le dí la bienvenida con la carta ¡¡qué lastima!! se quedará triste no saber que cambian las tornas ahora.
Le dejo ya, que me estoy extendiendo demasiado. Un saludo y feliz año. Piense en mi.”

En efecto, una cara de desilusión mostraba su rostro con la boca abierta y sus ojos clavados al papel. No se lo podía creer, un antiguo alumnos era profesor de la facultad. Esto… esto no estaba contemplado en sus planes de vida. Un antiguo alumno se ha revelado… Ahora mismo la clase ya no le importaba, tenía que ir directamente al despacho del decano para pedirle cuentas ¿como podía permitir que un alumno entrase a dar clase? ¿cómo no lo había deducido antes? un antiguo alumno había sido el que le había quitado la asignatura de Técnicas artísticas, con lo que el deseaba marear al alumno con las diferentes técnicas.
Escaleras abajo hacia el despacho del decano… cualquiera que le viese diría que sus piernas no están tan mal como el dice siempre, pero eso no le importaba, tenía que poner freno a lo que acababa de recibir. Suerte que se encontró con un conserje:
– Dile a mis alumnos que no hay clase hoy!
– ¿Cómo..?
– Teoría del arte, aula XVI…
– ¡¡Tiene que avisar con antelación!!
– ¡¡Haga lo que le digo!! ¡¡ es un emergencia!!
– ¿Emergencia…? ¿qué es lo que no es una emergencia para este profesor?
La conserje se quedó atónita, no podía creer lo que estaba viendo. Al profesor Gómez corriendo y eso que sus piernas estaban torpes…,había rejuvenecido y, más de lo que se le iban a poner porque se avecinaba una limpiadora con muy mala leche y eso significaba que se iba a pegar una buena, a pesar de sus avisos.
Y, en efecto… la limpiadora acechaba con su fregona o mopa fregona con palo giratorio… el caso es que el suelo estaba más que mojado, lo siguiente. Ni tan siquiera vió a la limpiadora cuando le dijo:
– ¿Dónde va ud tan rápido? Cuidado!! ¡¡ suelo mojado!! ¡¡se va partir la cadera!!. – Al pasar el profesor oyó una voz avisandole y… pumpa…
Oyó una voz cuando su trasero estaba cerca del suelo que le decía:
– Se cayó… Ojalá se haya roto la cadera.
Justo en el momento en que iba a esquivar el carrito de la limpieza, el cubo de la fregona aparecio por arte de magia delante de el y… tropezó con el mismo metiendo una de sus piernas en el cubo, este resbaló y cayó al suelo simulando la atracción del tobogan speed race… aquello era una picina de agua. Un profundo dolor en su trasero, dificultad al intentar levantarse y una jauría de personas alrededor de el.
– Profesor, ¿qué le ha ocurrido? ¿se encuentra bien?
-Dejenme!! tengo que ir al despacho del decano – hacía esfuerzos por levantarse del suelo – no quiero que me ayuden, puedo levantarme solo
– Mira que se lo avisé, pero como nunca me hace caso hasta que al fin se ha caído. Llegó el día en que se cayó – dijo la limpiadora
– Dejarme en paz, puedo levantarme solo
A pesar de sus esfuerzos por intentar levantarse un profundo dolor se asomaba cada vez que intentaba mover las piernas.
– Vé como no puede sr. profesor – le dijo la limpiadora – deje que llamo a una ambulancia
– No necesito una ambulancia!!
– Dejé de ser un niño pequeño y asuma que se ha roto la pierna!!
– Eso ha sido culpa suya… me la tiene jurada.
– Es que no tengo otra cosa que hacer, nada más que preocuparme por ud y hacer que se caiga ¡¡no te jode!!
– Mire ¡¡cómo me ha puesto!! ¡¡cogeré un resfriado y encima no puedo ni moverme por su culpa!!!
– ¡¡No, si al final voy a tener yo la culpa de que usted sea ciego!!
Alguien se abre paso entre la multitud ah!!,la secretaria del decano, una víbora asesina igual que la limpiadora. Ese cerebro con gafas de culo de botella de estúpida vestida con ropa de cuando su abuela era joven y con voz temblorosa dijo:
– ¡¡Sr. profesor!! ¿está ud. bien? ¿qué le ha ocurrido?
– ¡¡Pues no lo ve ciega!! me he resbalado con el maravilloso cubo de la señora limpiadora.
– Lo siento mucho…
No la dejó acabar cuando dijo:
– ¡¡Pero no se quede ahí parada!! ¡¡llame a una ambulancia!! ¡¡no es mi gusto quedarme en el suelo!!
aarrrghhh!! pero que chica tan repelente, cada vez que la veía le repudiaba, le daba un asco tremendo. En el fondo era una mujer muy inteligente, pero se hacía la mosquita muerta. Estaba seguro de que era calculadora, era capaz de acabar con el en cuatro o cinco segundos si se lo proponía, pero nunca lo hacía porque el era demasiado para ella.
Pensaba que sus disculpas la iban a exculpar o verla con otros ojos, pero no. Él la seguiría viendo como la mosquita muerta, a la que hay que aplastar, pero ese era el menor de sus problemas. Tenía que ir al despacho del decano y no podía hablar por culpa del cubo, pero y.. ¿y la carta?.
– Profesor, la ambulancia ya está de camino – le interrumpió de sus pensamientos la secretaria del Decano – ¿Necesita algo más?
– Si!! ¡¡que llegue ya la ambulancia y que desaparezca de mi vista!!!
– Disculpeme…
– ¡¡Qué se largue..!! ¡¡Y no moleste!! ¡¡Apartese… no necesito su ayuda!!
Vaya mala uva que tenía. Lo había pagado todo con la pobre secretaria. Ella no tenía la culpa de lo que le había pasado, pero tenía que pagarlo con alguien y esa era ella, la secretaria perfecta del decano, su amigo el decano, el sr. Doctor D. Francisco Trujillo Sanz, su compañero de facultad y amigo leal ¡¡qué buenos aquellos momentos de facultad!!, sus largas charlas en el patio de arte, su café en la cafetería de la facultad de tertulia con su gran amigo Francisco, pero se acordó de que tenía que abandonar los momentos de facultad para recuperar la carta, así que… buscandola con la mirada no la encontró y no tenía más remedio que llamar a susodicha secretaria. Cuando ya se había dado la vuelta a pocos metros:
– Oíga.. no se vaya, tiene que ayudarme a buscar el papel
La secretaria con toda rapidez se volvió y hacía el:
– ¡¡¿¿Pero qué hace??!! ¡¡Busque el dichoso papel!!
– ¿Que papel sr?
– No se haga la boba. Me ha visto con un papel.
– Pero si es que no lo tengo, no sé donde está
– Su papel? ¿esto?
Una mano le extendió un trozo de papel.
– Sí… pues está mojado. Tendrá que hacer otro. Es una lastima.
– Mire, ¿ve? ¿vé como quiere joderme? dichosa limpiadora asquerosa. Miré lo que ha hecho con el papel. ¡¡¿Y donde está esa ambulancia?!!!
– No diga bobadas… el papel se ha mojado porque ha sido ud torpe y se ha resbalado con el cubo, y el papel se ha mojado. Ojalá tarde la ambulancia porque su mala uva no la aguanta ni su madre. Que en paz descanse.
– ¿Pero donde va? es que no piensa ayudarme a levantarme?
– jajajaja ¿no decía que podia ud.? levantese ud solo. – Contestó la limpiadora recogiendo el suelo con la fregona
Esto era imperdonable, la limpiadora ni tan siquiera le ayudaba y, desde luego no iba a consentir que una simple secretarucha le ayudara.

Acerca del autor

Ángeles Ramos

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