Follow me

Un tono de negro
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Un tono de negro

Un tono de negro

Encontré este relato en mi interminable búsqueda de inspiración. Siento que es una excelente ayuda para imaginar el universo de los seres que no comparten nuestros sentidos. Espero que lo disfrutes.

10 comentarios
María Isacia
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

María Isacia

María Isacia

Los milicianos dieron un portazo. La cal del dintel se descascarilló cubriendo el tranco de blancas hojuelas. Arrastraron a María Isacia calle abajo apretando las flacas carnes de sus brazos. La puerta se volvió a abrir de inmediato y una sombra trapajosa y turbia corrió dando alaridos tras de ellos: ¡Mi hija, mi hija! ¿Qué vais a hacerle? ¡Es tonta, es mi tonta! ¡Dejad a mi tonta! ¡Ay, ay… mi tonta…! María Isacia no entendía nada. Volvía la cara entre aquellos hombres que la arrastraban, con los ojos muy abiertos, redondos, sin expresión, y miraba a su madre correr con dificultad por seguirlos, sin parar de gritar: ¡Mi hija, mi tonta! ¡Socorro! ¡Mi hija! Como un chaparrón de locura. Había nacido María Isacia la noche en que el barranco se salió del cauce, arrancando los parrales de los huertos que lo enfilaban y dejando el antiguo cementerio abandonado, embarrado y

sin comentarios
No se muera
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

No se muera

No se muera

La hora en que Miguel Alonso abandonó su casa quedó fijada por el juez alrededor de las 6:30. Se sirvió para ello del testimonio del doctor Pedrosa, que durante toda la noche había sufrido las molestias de una digestión difícil y se levantó para buscar un antiácido en los armarios de la cocina. Mientras bebía en pijama y descalzo el vaso de líquido burbujeante escuchó en el silencio de la mañana el portón del garaje del chalé de enfrente. Tenía mecanismo de apertura automática, y necesitaba un engrase urgente porque funcionaba con un ruido agudo de chirriar de cadenas. Pensó que el hijo menor de Miguel, que había cumplido veinte años y gastaba un arete en la oreja, regresaba al amanecer tras pasar la noche recorriendo discotecas, pero cuando apuraba su bebida de sal de frutas el doctor Pedrosa pudo contemplar desde la ventana que era el propio Miguel quien

sin comentarios
Solo un cuento
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Solo un cuento

Solo un cuento

Antes de emprender viaje al norte llegó al bufete un sobre certificado, son habituales este tipo de comunicaciones en nuestro oficio, estudiamos hechos que aun respondiendo a la realidad se distraen de ella, no así por comunes y poco formales, otros que lo pretenden, apariciones místicas, curaciones irracionales o cadáveres que de sus panteones regresan más pesados que cuando partieron. Pretendemos ser serios. Con todo, aquel día cuando nos disponíamos a partir hacía un pueblo solo habitado por hembras fecundadas, nos llegó la llamada de nuestro superior notificándonos el aplazamiento de la investigación, Mejor esperar, los varones aún no han nacido, nos dijo. Fue cuando por envenenar el tiempo, actividad frecuente en este trabajo, leímos el contenido de la mencionada carta y marchamos a seguir la pista de cuanto en ella se relataba, para que ustedes y próximas generaciones de este desautorizado oficio, añadan evidencias a la ya nutrida documentación

sin comentarios
María
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

María

María

-¡Venid y mirad esta fotografía¡, ¿a que no os imagináis quién es esa jovencita tan guapa?, es María, la maestra –el grupo de amigos observa la fotografía en blanco y negro, un poco amarillenta por el paso de los años, y se hace el silencio-. ¡Cómo se estropean los cuerpos¡ – suspira la directora del Colegio. -Los cuerpos y ¡la cabeza¡ -añade uno de los chicos, provocando la risa en el grupo. María es conocida porque fue la primera maestra que hubo en el pueblo. Siempre va con la misma ropa, una falda y una camisa que hace unas décadas sí estaban de moda. El cabello recogido en un moño alto, ya con canas, por supuesto, pero con el mismo volumen. En su rostro destacan las manchas en la piel, y del lóbulo de sus orejas cuelgan unos pendientes llamativos. Siembre lleva el bolso consigo, y dentro del bolso una

sin comentarios
Asalto al tren
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Asalto al tren

Asalto al tren

Desde donde estábamos no se veía el tren, aunque estábamos en un terreno bastante elevado, que nos daba una amplia vista del terreno desértico circundante. La verdad es que estábamos demasiado lejos para ver el tren. Pero a pesar de ello, no era difícil saber dónde estaba exactamente, ya que el tren desprendía una gran columna de humo, que se podía observar a varios kilómetros de distancia. De todas formas, quise asegurarme, y gracias a los holoprismáticos que llevaba para la ocasión, pude ver el tren cada vez más cerca, hasta verlo como si lo tuviera delante, a tan solo unos metros de distancia. Se podría decir que lo veía con total nitidez, pero en aquel momento no llevaba las gafas totalmente limpias, para que así fuera. Pero estaba claro que era el tren en cuestión, el tren que debíamos asaltar. El tren tenía la apariencia de uno de esos

sin comentarios
El amor esquivo
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

El amor esquivo

El amor esquivo

Teresa era una mujer que ya había rebasado los cincuenta hacía un tiempo. Se había casado muy joven por culpa de un embarazo prematuro. Pasó el tiempo, su hijo formó su propia familia y estableció su residencia en Francia, donde le habían propuesto una mejora laboral importante. Así que, la casa de Teresa y Manuel, su marido, se quedó sola y enorme provocando una convivencia más estrecha de la pareja. Pero ellos no se habían amado nunca. Lo suyo fue un aquí te pillo aquí te mato de la adolescencia que tuvo la desgracia de dar en la diana. La sociedad de la época no veía con buenos ojos a las madres solteras y el aborto, mucho menos, así que, la pareja se vio obligada a pasar por la vicaria. Habían soportado sus treinta y cuatro años de matrimonio con entereza, con la resignación y el ánimo del que no

sin comentarios
Decisiones
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Decisiones

Decisiones

Me he despertado en una encrucijada. Ahora estoy cubierto de polvo y no se como volver. El viento borró mis huellas y no se que sendero tomar. Abro la maleta que se encuentra a mi lado. Sucia y desgastada. En ella encuentro unas monedas y billetes para tren. No veo vías ni ningún lugar donde poder comprar algo para comer. La ropa que allí había no era mía, estaba muy limpia, con algún que otro descosido en los pantalones a la altura de la rodilla. Las coderas desgastadas, pero todo estaba muy pulcramente guardado. Aquello no era mío, no era de mi talla. O muy grande o muy pequeño. Debajo de la ropa, había un mapa y una brújula. El papel del mapa estaba borroso, a duras penas podía distinguir las montañas y caminos; la aguja de la brújula giraba como loca. Estaba perdido. Seguí rebuscando entre los bolsillitos, en

sin comentarios
Velocidad
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Velocidad

Velocidad

A las cinco en punto de la tarde, Carlo subía al asiento de conductor de “la máquina”. Un intenso aroma a tapicería de cuero le envolvió de inmediato. Fue como si se sumergiera en otra dimensión. Todavía resonaban en su mente las palabras de Sara: –Ve con prudencia, Carlo. Esa máquina es como un cohete con ruedas… –No exageres. Lo probaré por la carretera secundaria. A estas horas no hay trafico. –No dediques mucho tiempo a esto, Carlo. –¿Y por qué no vienes? El coche admite dos plazas… –No me apetece, de veras. –Vale. No le des más vueltas, cariño. Estaré de regreso antes de las seis. Él la besó en los labios, un gesto que martillearía la memoria de ella durante mucho tiempo. El último beso. Durante años, Sara se repetiría multitud de veces las mismas preguntas ¿Por qué no le retuvo más tiempo? Habrían podido hacer el amor

sin comentarios
Tres relatos
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Tres relatos

Tres relatos

Carnaval Alguien me dijo que soñó que cortaba la cabeza de un dragón y yo, esa noche, no pude evitar el enfrentamiento con el mismo demonio. Se venía repitiendo un sueño sí y otro no; un sueño sí y otro no; un sueño sí y otro no. Y apliqué la valentía de mi amigo. En una de esas corté (yo también se hacerlo) la cabeza del contrario. Un corte seco hecho con una espada imaginaria, de esas que a veces aparecen en los sueños o en los cuentos de Borges, quién sabe bajo qué oculto motivo. Y fue el otro día, comentando en la comida con mi esposa y mis niñas cualquier cosa de la televisión, en el mismo momento que me llevaba la cuchara de sopa a la boca, cuando esa cabeza de diablo desquiciado cayó desde lo alto hasta la fuente de ensalada, en el medio de la

sin comentarios
10 / 275
1 2 3 4 13
Casa de Huéspedes

Este apartado cumple el propósito de llevar al público una colección de relatos actuales, escritos por autores contemporáneos. Se parte de esta revolución literaria comentando y compartiendo sus trabajos.