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junio 26, 2019|Relatos Cortos

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Milagrosamente los Astorians dejaron de ser atacados por los Salhems. La desaparición de aquel mago en la colina, Pacha dejaba que su mente repita la imagen del rayo negro cayendo, luego de eso todo parecía borroso. Exhausto, al finalizar una batalla que sorprendió a toda su aldea, los Astorians corrieron a ver lo que había sucedido, ellos encontraron a Pacha inconsciente, abrazando a Calico.

Ahora, Pacha, era esclavo de su destino. Los ancianos llegaron a pocos días de la creación de Calico, sin explicaciones, y en contra de la voluntad de su pueblo, lo llevaron. Viajaron por días enteros sobre una carreta guiada por ballenas. Pacha jamás pensó cruzar a través del túnel que se crea en donde chocan el océano y el cielo. Él miraba al vacío, intentando imaginar lo que pasaría al dejarse caer, que habrá en el fondo de ese oscuro abismo en toda dirección. Pocos eran los elegidos para tan preciado privilegio, atravesar el túnel.

“¿Quién eres tú, muchacho?” preguntó otro pasajero, era un ser repugnable, al menos eso pensó Pacha.

“Aléjate de mí,” dijo Pacha al ver que gotas caían de los tentáculos de la criatura. “Alguien va a limpiar lo que estás haciendo.”

“Tranquilo, muchacho,” dijo la criatura al levantar uno de sus tentáculos. “Me llamo Shatlu. Debes aprender a interactuar con mi especie, vas a encontrar a muchos.”

“¿Acaso no eres el único?” preguntó Pacha, sorprendido.

“Ja, ja, ja. .” Shatlu sacudió la cabeza, sonreído. “Debes ser nuevo. Nosotros vivimos en el túnel.”

Eso explicaba los pies de ave que tenía Shatlu. Pero, es imposible que algo como él exista, pensó Pacha. Desde luego, él estaba acostumbrado a interactuar con su especie, los Salhems mantuvieron encorralados a los Astorians por generaciones. Lo que Pacha no sabía, era la razón para que su pueblo sea aislado del resto de Inthys, y claro, en realidad eran pocos los que recordaban lo que pasó.

De todas formas, Pacha encontraba desagradables a las otras criaturas, todas las especies eran nuevas para él, demasiado diferentes para que pueda ver su belleza. Él intentó alejarse de Shatlu.

“Espera muchacho,” él dijo levantando un tentáculo. “No me has dicho tu nombre.”

“Soy Pacha,” respondió, tomando al tentáculo para alejarlo de su cuerpo. “No me topes.”

“Está bien, Pacha,” dijo Shatlu. Luego, levantó al bastón que sostenía con otro tentáculo, hasta que hizo contacto con Calico.

Pacha dio un salto para atrás. “¿Qué crees que haces?”

“Es un lindo universo el que traes ahí,” dijo Shatlu. “Puedo ver que lo creaste hace poco.”

“No vuelvas a hacer eso,” exigió Pacha.

“Tranquilo… Pacha,” dijo Shatlu al llevar su bastón al piso y arrimarse sobre él. “Dime, muchacho. ¿Qué te trae por aquí?”

Los mortales de Calico experimentaron por primera vez el contacto contra otro universo. En un instante el conocimiento creció, incluso más de diez veces, estos seres de fuego empezaron a tener ideas nuevas, interactuar entre ellos. Pese a eso les era imposible entender las pesadillas, ese ser de tentáculos que es capaz de atraparlo todo y llevarlo al fondo, a ese lugar donde todavía no ha llegado la luz.

Pese a eso, Pacha respondió. “Voy al torneo de galaxias.”

“Interesante, muchacho,” dijo Shatlu. “Aunque deberías considerar está decisión.”

“¿A qué te refieres?” preguntó Pacha.

“Bueno,” dijo Shatlu. “Acaso no escuchaste que el último torneo fue cancelado.”

“Pero eso qué tiene que ver,” dijo Pacha.

“Las cosas están cambiando,” dijo Shatlu. “Los ancianos están perdiendo el poder.”

Pacha se quedó en silencio.

“Su gran campeón, el elegido para ascender,” dijo Shatlu. “Cayó con su cuerpo hecho cenizas. Se dice que, Odín, fue capaz de lanzar un rayo de energía azul desde la palma de su mano. ¡Es algo imposible!

“Mira, muchacho,” continuó Shatlu. “Las profecías hablan de él, quién podrá destronar a los ancianos. El que cambiará las reglas. El elegido.”

Pacha lo miraba confundido. “Pero… y todo esto qué tiene que ver conmigo.”

“Es posible que nada, muchacho,” dijo Shatlu. “Pero, Calico fue creada el mismo día que cayó el campeón.” Él giró para alejarse.

“Espera, Shatlu,” dijo Pacha. “Yo no quiero ser parte de todo esto.”

“No tienes alternativa,” dijo Shatlu, dando pequeños pasos son sus delgadas patas de pájaro. “Es la única forma de regresar a casa.”

Pacha recordó el gemido de una de sus amantes al hacer el amor. Él debía regresar para disfrutar los premios de ser el gran campeón que salvó a su tribu, en su lugar estaba condenado a seguir un destino impuesto por los ancianos. “Está bien,” finalmente dijo Pacha. “¿Qué crees que debo hacer?”

“Es sencillo, mi amigo,” dijo Shatlu. “¿Pacha, verdad?”

“Ese es mi nombre,” dijo Pacha.

“Primero tenemos que salir de este lugar,” dijo Shatlu. “Antes de que lleguemos al otro extremo. Ahora Pacha, salta.”

Pacha miró con sorpresa a Shatlu lanzarse de la careta que cruzaba a través de túnel que se crea dónde el cielo se chocan con el mar, lanzarse al vacío, y empezar a hacer pequeño a la distancia. Debe estar loco, pensó Pacha, pero Calico le dio la fuerza que necesitaba para saltar, como si su universo quisiera volar hacia allá.

Pacha saltó. Sin embargo se sorprendió de lo que vio, él era de los pocos extraños que fueron invitados a conocer un lugar mágico, el choque del cielo y océano dejó como resultado a una costa eterna, donde seres como Shatlu, y otras combinaciones de aves y peces disfrutaban del atardecer. Él dejó de caer casi instantáneamente. Se decía que los pocos que han regresado después de ser arrojados en el túnel pierden la razón.

Sin embargo, Pacha disfrutó encontrase en un lugar diferente, tan familiar que le recordaba a su propia tierra, pero completamente diferente. Finalmente, él sintió al tentáculo de Shatlu enrollarse en su mano.

“Por acá, Pacha,” dijo Shatlu, al abrir la puerta de madera de una casa junto al mar.

Pacha no entendía el cambio de espacio, pero pese al mareo, tenía sus dos pies sobre la arena. Y decidió seguir a Shatlu.

Al entrar, Pacha fue rodeado por un grupo de marineros.

“Ya tengo al muchacho,” dijo uno de ellos, poco antes de sentir la fuerza de Calico empujarlo contra la barra.

“Suficiente,” dijo Shatlu y los hombres se alejaron lentamente. “Debes disculpar a mis compañeros, algunos creen que pueden robar a tu universo.” Él levantó su bastón, lo sostuvo frente a su rostro por un instante.

“¿Qué es este lugar?” preguntó Pacha.

“Una taberna que suelo frecuentar,” dijo Shatlu, después siguió su camino hasta el bar. “Un pájaro azul para mí y otro para mí amigo.”

Pacha se acercó despacio, examinando a los seres extraños regados por las mesas del lugar.

“Ves,” dijo Shatlu, “eres capaz de vencer a todos estos buenos para nada. Pero, cuando enfrentes a otro universo, ahí es cuando necesitarás de mi ayuda.”

“No pienso enfrentar a otro universo,” dijo Pacha.

“Muchacho,” dijo Shatlu. “Esto no es algo de lo que puedes escapar. Mis intención es que entiendas en lo que te estás metiendo. ¿Me hago entender?”

Pacha asintió con la cabeza.

“El nuevo torneo,” dijo Shatlu levantando dos tentáculos y dibujando comillas en el aire. “Es una farsa. Es obvio que el camino para su campeón era demasiado fácil, por eso lo anularon…”

Pacha seguía sin entender.

“Mira,” dijo Shatlu, bajando su voz. “Han aparecido nuevos participantes, portando viejos universo.”

Pacha recordó que Shatlu sabía que su universo era joven, él no sabía cómo, pero eso ahora no era importante. De todas formas, Pacha seguía sin entender su función en los planes.

“Pacha,” dijo Shatlu. “Ve al torneo como si todo fuese normal, pero mantente atento para cuando llegue mi señal. Tenemos que terminar con esta locura.”

Con eso Pacha se despertó en su camarote, acostado en una cama, con la mano sobre Calico. Después, él logró recordar el lugar en el que se encontraba, lejos de su tribu y te todo lo que había sido su vida, él no sabía lo que estaba por venir. Sin embargo, una fuerza en su interior le decía que todo iba a estar bien.

Calico reposaba sobre el piso de la habitación, inerte, como un arma de ser. Sin embargo, las sensaciones por las que atravesaba Pacha, eran una realidad palpable para sus mortales. Sin ellos—Calico—era una más, otra arma para colgar en una repisa, sin un poder especial. Cada encuentro en la dimensión de los dioses era un aprendizaje, sus mortales parecían avanzar de forma acelerada.

2 comentarios
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Sebastián Iturralde

Autor de relatos cortos, y novelista en desarrollo.

2 comments

  • junio 26, 2019 at 6:25 am

    Fantástico un relato apasionante, todo muy bien detallado y se puede entender todo muy claro, estupendo me gusta, sigamos los proximos, un saludo!

  • Maria Isabel Perez
    agosto 10, 2019 at 6:16 am

    Muy bien expresado todo, me gustó
    Un abrazo y sigue adelante.

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    • elcieloyelinfierno en Introspección: “¡Muy buena entrada e inmejorable relato! Excelsamente hilvanado...asombra! Un abrazo.Ago 21, 16:09
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