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Mutuo Acuerdo
junio 14, 2015|Relatos Cortos

Mutuo Acuerdo

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Al parecer, mis dudas sobre el negocio que estaba a punto de realizar eran reales, desde que él se acercó a conversar supe que las cosas andaban mal. Sobre todo, una vez que entendí sus cálculos, y la forma de presentar los datos, pues resulta que el capital entrante era mayor al todo de acciones. Sin embargo, la curiosidad fue más fuerte.

Después de todo, hoy debía firmar los documentos para cerrar el negocio. Mis dudas sobre la estafa se hicieron claras cuando entró el padre de mi “socio,” el hombre robusto tenía el aspecto de un cerdo en camino a convertirse en un humano. Pues resulta, que para mi sorpresa, el mayor accionista sería dicho individuo. Él entró rodeado de abogados y asistentes, ellos y él hombre con quien realice las negociaciones se encontraban a un costado del escritorio del notario. Lo más curioso era que yo parecía ser el único que no era parte del plan.

Sonreí al firmar el documento, quería que ellos estén satisfechos con sus actos. Después de todo, para mí tenía otro signo, claro que antes de salir de la oficina me asegures de tener los documentos del notario en mi poder. En ese instante decidí que era hora de detenerlos en sus planes, no podía dejarlos continuar con su farsa.

Al salir del lugar tomé la motocicleta, y con una distancia apropiada seguí al padre, era obvio que debía terminar la vida de aquel grotesco ser. Su vehículo era, incluso, más grande que su ego, sin embargo, esto lo hacía más fácil de seguir. Al llegar a su casa noté lo difícil que sería continuar con mis planes, debí terminar con su vida antes de que llegue.

Luego de escoger la motocicleta entre los matorrales, subí a un árbol para pasar sobre la muralla que protege la casa. Sin embargo, tuve que esperar la llegada de la noche, ella sería el manto que me cubre. Las pequeñas heridas sobre mi piel dejaron de sangrar, debía buscar otra forma para salir sin pasar por los alambres de púas sobre la muralla.

El lugar estaba en silencio, al pasar por una gran puerta de cristal noté los hermosos utensilios de cocina, tomé el cuchillo más grande y continué. Algo me decía que sería fácil encontrar un revólver en su escritorio, encontré un estudio y esperé a que los sonidos de dos voces se alejen. Ellos hablaban de temas sin importancia, así que continúe buscando.

Una vez que encontré el revólver, me dirigí a la recamara de donde llegaban los sonidos, y entre sin pensar. Al tenerlos a mi alcance empecé a disparar, la munición se entre en el pecho del hombre, decidí que volver a disparar sería un regalo que él no lo merece. Así que me acerqué a la mujer, y antes de que pueda reaccionar la corté con el cuchillo de cocina, suficiente para que el dolor la vuelva sumisa, sin embargo, una herida superficial.

Ella no pudo negarse a salir del cuarto, quizá porque la patee en el piso mientras gateaba, continuamos el proceso hasta llegar a estudio. Una vez que estuvimos junto al escrito, utilice su ensangrentada mano para dejar huellas donde se encontraba el arma, y empezamos el largo viaje de regreso al cuarto. Una vez que llegamos, la senté frente a la cama donde el hombre se desangrada, y con todas mis fuerzas, apuntando con la mano llena de sangre, la forcé a tirar del gatillo y la bala atravesó su cráneo.

Imagino que sus hijos se preguntarán la razón para que sus padres se maten entre ellos.

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Sebastián Iturralde

Autor de relatos cortos, y novelista en desarrollo.

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Este relato corto fue escrito con toda mi capacidad creativa, y quizá tenga algún error intencional para que logres vivir mi sufrimiento.
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