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Un tono de negro
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Un tono de negro

Un tono de negro

Encontré este relato en mi interminable búsqueda de inspiración. Siento que es una excelente ayuda para imaginar el universo de los seres que no comparten nuestros sentidos. Espero que lo disfrutes.

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Takatalvi
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Takatalvi

Takatalvi

Los primeros recuerdos de Aura estaban cubiertos de rocío y de escarcha. El Invierno había arropado las tundras de Pohjola, la gélida tierra norteña, durante tanto tiempo que pocos jóvenes recordaban los tiempos en que vivía el Otoño. Todo lo que conocían era el granizo y la nieve y una ventisca ubicua que nunca parecía querer amainar. Por fortuna, aquella existencia glacial tocó a su fin cuando el Príncipe Jani mató al Invierno y se convirtió en la Primavera. Desde entonces, todo había cambiado… —Ya hemos llegado a Kuhmo, niña —anunció el corpulento mercader, sacando a Aura de su ensimismamiento. La joven norteña apartó la mirada del colgante celeste que sujetaba en la mano y dirigió sus inexpresivos ojos grises hacia su acompañante, el barbudo y cínico Erik, que acababa de detener su carromato. Como si fuera la primera vez que visitaba aquella ciudad, Aura paseó su mirada por los

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Misterios del misterio
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Misterios del misterio

Misterios del misterio

Estoy atrapado en un barrio de las afueras de la ciudad, por causa de un paro del transporte. No sé por qué vine aquí a sabiendas de que estaba anunciado el paro. En este atardecer, veo pasar personas muy extrañas, pero no me atrevo a preguntarles donde encuentro un taxi, porque me van a mirar con ojos de asombro. Prefiero estar quieto y silencioso por un buen rato, mientras dejo que mi inconsciente busque soluciones; ¡eso me ha dado muy buenos resultados en muchas ocasiones! Observo una casa abandonada y algo me dice que debo entrar allí para protegerme de todos esos desconocidos que no parecen tener buenas intenciones. Tiene el aspecto de esas casas que dejaron en su huida, en varias ciudades, esos torvos personajes que estaban dedicados al comercio ilegal y la delincuencia en general. La puerta principal cede fácilmente y logro entrar. Estoy en una espaciosa y

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El faro
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

El faro

El faro

La corta extensión de arena amarilla estaba moteada de piedras negras que surgían aquí y allá como erupciones de lava ya fría. Corría paralela al mar de un azul plomizo, siempre rizado y coronado de espuma. Eternamente enfadado. Pero no era libre, una altísima pared escarpada le impedía desarrollarse hacía el interior y saludar a los pocos habitantes del pueblo cercano. Tampoco le permitía alcanzar su aspiración de convertirse en playa el brazo rocoso que la pétrea pared estiraba para tocar el agua. En la punta de esta lengua sólida, bañada y castigada por la furia marina, había un faro. Era una hermosa construcción de madera de color rojo, frágil y poderosa a la vez, dispuesta a enfrentar la furia de los vientos. A la valiente torre la coronaba una cúpula plateada, brillante, de donde surgía una potente luz que, en las oscuras noches de niebla, abría un pasillo seguro

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Modo Avión
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Modo Avión

Modo Avión

-Pon tu móvil en modo avión-insistió la mujer. El hombre la miró fastidiado pero lo hizo. Bastante tenía con el pánico a volar como para discutir con la pesada de su esposa. Para qué narices tendrían que viajar a Palma de Mallorca a celebrar su cuarenta aniversario de boda. Si cuando fueron allí, en barco, por supuesto, ella se mareó tanto que se puso enferma durante toda la semana y no pudo ni siquiera estrenar el matrimonio en condiciones. Sí, ella cedió, por su insistencia, pero con mala gana y apresurándole. Así no se puede pasar una noche de bodas, ¡leches!. Tampoco es que ella fuera muy apetecible en esos momentos. Olía a vómito y a sudor agrio. Y sólo le repetía, “¡vamos vamos!” como si tener un orgasmo fuera cosa de apretar un botón. Y desde entonces cuando a veces tienen sexo y ella no tiene ganas, si le

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Los Retos de Jaime Alberto
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Los Retos de Jaime Alberto

Los Retos de Jaime Alberto

Jaime Alberto es un muchacho de 25 años que no hace mucho terminó su carrera universitaria y tiene dos años de experiencia en su trabajo. Allí en la empresa maneja buenas relaciones con sus compañeros, a saber, Teresa la misteriosa, que siempre lo saluda amablemente; Jairo el seudosicólogo, que lo estima mucho, según lo dice; Nicolás el pragmático que no lo mira muy bien, pero mucho le habla; Blanca la administradora de profesión, bonita y femenina, que le atrae fuertemente; Mauricio el estadístico que lo mira como con ganas y Rafael el abogado, muy místico, que le prodiga muchos consejos. Con frecuencia almuerzan juntos. En la mesa se hacen chanzas, se ríen del jefe, se carcajean recordando chascos de otros funcionarios, comentan sobre fútbol, películas, música y también, en ocasiones, hablan en serio. Rafael, por ejemplo, ha insistido varias veces en la importancia de la meditación; “le hace aseo a

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Remigio
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

Remigio

Remigio

Es un relato cautivador, te mantiene en vilo esperando a saber por fin cuál es la verdad y, sobre todo, enternecedor, puesto que le permite al lector dejar la imaginación volar recreando, como todos los presentes de ese barrio, una nueva vida del misterioso señor.

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La mujer 121
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

La mujer 121

La mujer 121

Marie era una preciosa niña de diez años. Unas largas trenzas rubias enmarcaban un óvalo facial pequeño, de tez pálida, casi ocupado por unos inmensos ojos azules, bordeados de largas y espesas pestañas negras. Marie apareció un día deambulando por las calles de Londres. Tenía tres años y parecía estar sola. Apenas hablaba, dormía en cualquier rincón y comía de la basura de la calle. Iba vestida con apenas unos harapos y caminaba descalza. Unos policías decidieron, acuciados por sus conciencias, llevarla al orfanato de St. Mary. Como no tenía nombre ni apellido, el director de la casa cuna le puso el mismo que ostentaba la Institución, y así, la niña vagabunda y anónima pasó a llamarse Marie Must. Le preguntaron muchas veces por sus padres pero ella decía o directamente se negaba a recordar. Por tanto, las autoridades decidieron inventar una historia para ella. No era nada original, la

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El monstruo del final de mi cuento
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

El monstruo del final de mi cuento

El monstruo del final de mi cuento

Se llamaba Jonathan Silencio, y era un hombre como los demás. Entró en el club con ese aire despistado, como de haberse equivocado de sitio, que todos los hombres solitarios muestran al cruzar la puerta, y que desaparece en cuanto se acercan a la barra, los ojos ansiosos saltando de una chica a otra, escogiendo ya compañía para una o dos horas de desahogo. No había nada especial en su físico ni en sus ropas. Vaqueros muy usados, botas de trabajo, camisa abierta sobre una camiseta sin leyendas ni dibujos. Llegó a la barra sin prisas, parándose un par de veces para intercambiar unas palabras con las chicas que deambulaban por la pista, y se sentó en el taburete que había a mi lado. Yo estaba tomando un descanso tras mi último cliente, pero cuando una trabaja a comisión, hay que aprovechar cada oportunidad. Así que me giré con cara

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La última sonrisa
diciembre 4, 2002|Casa de Huéspedes

La última sonrisa

La última sonrisa

Era  un habitual y tonto lunes por la mañana, sobre las nueve, cuando  una serie de cosas extrañas comenzaron a suceder. Nada más salir de  mi portal hacia el trabajo, solo había caminado unos cientos de metros, cuando vi una mujer joven, de unos treinta y algo… que caminaba con siete perros. Llevaba seis perros pequeños en un lado de la mano, con sus correas. y el séptimo era un poco más grande que el resto. ella dejo la mochila en el suelo junto al estanco y entró, dejando a los perros allí. Lo curioso es que todos eran negros. Yo seguí caminando. Al cruzar la calle, vi a una chica embarazada con media cabeza rasurada, que caminaba junto a otro chaval con el pelo también medio cortado. No creo que tuvieran más de dieciocho años. Mirándolos, una mujer oriental casi se tropieza conmigo, iba hablando, o más bien gritando

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Silibare

Serie de relatos de una hechicera y su lucha contra la inquisición de la sagrada iglesia del siglo XXI.

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