Relato Corto Blog de Ficción

Entre la Tierra y el Mar

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Dándose la buena vida, acostado en una hamaca artesanal, disfrutando el sonido de las olas del mar. Iván Three Eyes se dejaba llevar por la tan común sensación del licor. Durmiendo plácidamente, mientras protegía su rostro con un sombrero.

A pocos metros se encontraba lo único que alcanzó a rescatar del naufragio; un barril de ron que le servirá hasta que logre descifrar en donde se encontraba. Por ahora solo esperaba que el fuerte sol se disipe para empezar su día.

Antes de que brillara el sol al amanecer, su navío era la envidia de los mares. Sin embargo, ahora era un simple hombre de tierra firme. Iván logró rescatar el bolso que solía cargar, y con la caída del sol estaba listo para investigar la isla.

La maleza junto a la orilla del mar era demasiado espesa, una mala señal cuando de buscar ayuda se trata. Lo primero que debía hacer era descifrar lo grande de la isla en la que se encontraba, así que bajó de su hamaca, perdiendo el equilibrio por el licor que bebió para calmar sus nervios.

El ataque llegó sin previo aviso, era posible que no existieran sobrevivientes del naufragio. Iván recordaba con claridad lo cerca que estuvo de ser impactado por una bola de cañón. Era imposible, ¿cómo pudo un navío llegar al alcance de los cañones sin previo aviso?

Iván se sentía defraudado por su falta de liderazgo, y salió a caminar en búsqueda de sobrevivientes.

La isla es más grande de lo que imaginé, pensó Iván. Luego de caminar por una hora, sin rastros de vida, decidió regresar. Hasta que vio el humo de una fogata elevarse a la distancia.

Esta era una señal, claro que Iván todavía no sabía si se trabaja de seres amigables. Así que decidió acercarse en silencio, intentando no despertar sospechas al caminar a través de la maleza. Luego de unos minutos empezó a escuchar voces, ahora estaba seguro de que trataba de nativos de la isla.

De todas formas, debía tener cautela al acercarse. Las voces empezaron a ser más claras, se trataba de los cantos de una celebración. Iván alcanzó a ver el fuego de la fogata, era más grande de lo que esperaba, cuando vio a uno de los tripulantes de su barco atado de un tronco.

Inmediatamente se agachó para evitar ser observado. Maldita sea, pensó. Es probable que tengan a otros de mis hombres.

Iván se quedó observando lo que sucedía. Los salvajes parecían estar realizando una ceremonia, la posibilidad de que sean caníbales aumentaba. Así que decidió rodear el lugar.

Eran más de los que esperaba encontrar, hombres y mujeres danzando con el fuego. Iván notó que más de sus hombres se encontraban atados. Voy a tener que intervenir antes de que sea demasiado tarde.

Rápidamente bajó su bolso para sacar un par de armas de fuego. Cargó la pólvora y preparó las municiones, solo tenía cuatro disparos así que debía actuar con cautela. También sacó un cuchillo y lo colocó en su cinturón junto a las armas.

El capitán se acercó en silencio a sus hombres y empezó a cortar las lianas con las que se encontraban atados. «Ni una palabra,» susurró.

Uno de los nativos vio al capitán del naufragio ayudando a sus compañeros y dio el grito de alarma. Otros dos nativos corrieron hacia ellos, Iván disparó una y otra vez, dejando a los hombres de torso desnudo en el piso.

«Toma,» dijo Iván, pasando su pistola y la bolsa con pólvora y municiones a uno de sus compañeros. «Recarga.»

Iván continuó cortando las ataduras de otro de sus compañeros, y dejó el cuchillo en su mano. «Encárgate de los demás.» Luego se levantó para apuntar con su pistola.

Los nativos estaban estáticos por la sorpresa del disparo. Ellos no estaban acostumbrados a ese tipo de explosión. Iván levantó su arma y volvió a disparar.

«Listo mi capitán» dijo Green Foot, al pasar el arma cargada.

Iván tomó la pistola y vio que uno de los nativos corrió hacia ellos. Sin pensarlo volvió a disparar, derribando al hombre.

«Recarga,» dijo Iván al pasar el arma con la que acabo de disparar. Luego giró para enfrentar a los nativos. «No queremos problemas,» dijo apuntando de un lado al otro con su arma.

El resto de náufragos terminó de desatar sus ataduras. «Despacio muchachos,» dijo Iván, empezando a caminar hacia atrás. «Vamos a salir con vida de aquí.»

Los tripulantes del Land Lover dirigido por el capitán Iván Three Eyes se movieron con cautela hasta llegar a la orilla del mar.

«Sigan, yo les diré hasta cuándo,» dijo Iván, quedándose atrás del grupo para asegurarse de no ser seguidos.

Los piratas llegaron a donde se encontraba el barril, todos empezaron a beber y preparar el campamento para pasar la noche. Al poco tiempo tenían una fogata y empezaron a encontrar lugares para dormir.

El sonido de la jungla hizo que hasta los más temerosos cierren sus ojos. Al poco tiempo, los pasos silenciosos de la tribu de nativos empezaron a acechar el pequeño campamento de náufragos. Los piratas dormidos no fueron capaces de percatarse del peligro que se avecina.

Un disparo los despertó. Al abrir los ojos vieron al capitán levantado de su hamaca, con un arma en cada mano. «Descansen muchachos, mañana tendremos un largo día.»

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Sebastián Iturralde

Escritor de relatos enigmáticos, tejiendo narrativas cautivadoras que provocan el pensamiento y estimulan la imaginación. Revelando las profundidades de la experiencia humana a través de las palabras.

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