Relato Corto Blog de Ficción

Una Esperanza Resplandeciente

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La atmósfera se volvió gélida con el aire de la noche. Un manto de nubes negras envolvió el cielo que antes estaba iluminado, sumiendo al mundo en una oscuridad inquietante. Los pasos lentos y deliberados de individuos agotados resonaban por las calles desiertas, cargados por una fuerza invisible, una energía opresiva que limitaba la vista a unos pocos pasos. Las gotas de lluvia caían en cascada, marcando un ritmo melancólico en los rostros de aquellos que acababan de concluir su labor diaria.

Con la luz menguante, mientras la gente buscaba refugio en el santuario de sus hogares, comenzó a surgir un fenómeno inesperado. Criaturas, inimaginables y de otro mundo, descendieron de los cielos. Era como si enormes piedras atravesaran el vacío, penetrando la mismísima realidad. Cada criatura impactaba contra el suelo, dejando tras de sí un rastro de destrucción, sus cráteres desfiguraban las aceras que una vez conocimos.

Estas criaturas, ahora reveladas en su verdadera forma, eran imponentes con sus siete pies de altura, sus estructuras alienígenas resistían cualquier tipo de arma convencional. Las bombas habían sido inútiles contra ellas, dejando a la humanidad sin opciones de defensa. Sólo quedaban unos pocos, un colectivo conocido como los Marauders, los supervivientes de este mundo en decadencia. Antaño, la vida estaba definida por la opresión económica, un sistema que intercambiaba sustento por trabajo, pero ahora, las criaturas perseguían sin descanso, con la intención de aniquilar cualquier vestigio de existencia humana.

Gil, un científico entre los Marauders, había dedicado décadas a encontrar un medio para penetrar la impenetrable piel de las criaturas. Innumerables intentos no habían dado resultados, hasta ahora.

«He logrado un avance,» declaró Gil, extendiendo una mano en saludo. «Es un placer conocerte.»

«Me pregunté cómo Alejandro Magno habría enfrentado a estas criaturas si hubiera estado en mi posición. Entonces surgió una posibilidad: cierto espectro de luz podría tener la capacidad de atravesar las defensas de las criaturas. Desde entonces, formé un equipo que las ha estado rastreando durante meses.»

«Cientos de horas de experimentación resultaron en el descubrimiento de un rayo láser que puede alterar las partículas que componen la piel de las criaturas. Sin embargo, la verdadera maravilla reside en el artefacto que he inventado: una espada adornada con espejos posicionados con precisión en su empuñadura, delicada pero formidable. Este diseño permite la militarización del espectro de luz que descubrí.»

«Permíteme demostrarlo.»

Con un sutil giro, los láseres incrustados en la espada emitieron un siniestro resplandor negro, envolviendo toda la hoja. Se convirtió en una espada de llamas obsidianas, emanando un rastro de humo al cortar el aire. Gil manejó el arma con destreza, moviéndola con una fluidez que dejó boquiabiertos a los presentes.

«Aún hay algunos ajustes por hacer,» afirmó antes de apagar la hoja. «Auralia, la Estrella Ardiente, ya está lista para la prueba.»

Ese día parecía surrealista, como entrar en un reino más allá de la realidad. Salí a un campo abierto, rodeado de vegetación a ambos lados, con una anticipación que me recorría las venas. Sabía que una de esas implacables criaturas vendría, cargando contra mí como un toro enfurecido, buscando cumplir su propósito de exterminar a la humanidad.

Y ahí estaba: una criatura avanzaba hacia mí con un intento feroz. Me mantuve firme, sin ceder, sosteniendo la espada ardiente en mis manos. Activando el mecanismo, la luz negra recorría la intrincada disposición de espejos, sus vibraciones reverberaban en mi mano. Me sentí empoderado, invencible ante el inminente ataque de la criatura.

La criatura se lanzó, propulsada por su implacable furia, y con un solo movimiento de la espada ardiente, vi su forma partirse en dos. Aún desmembrada, la criatura persistía en su misión de borrar mi existencia. Sin inmutarme, me acerqué, y con otro poderoso golpe, le corté la cabeza.

Así se desplegó el prólogo de nuestra historia: un preludio a la gran aventura que nos esperaba, una misión para reclamar nuestro devastado planeta de las garras de la destrucción.

About the author

Sebastián Iturralde

Escritor de relatos enigmáticos, tejiendo narrativas cautivadoras que provocan el pensamiento y estimulan la imaginación. Revelando las profundidades de la experiencia humana a través de las palabras.

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Acerca del autor

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