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03 Mar 2026 👑 Reino de Gloria

El Fénix que Renace

Tras una prueba que estuvo a punto de quebrarlo, el príncipe emerge transformado; ahora con la determinación para librar una batalla imposible.

El Fénix que Renace
Lectura aprox. 4 min
Palabras 731
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Perdido entre los oscuros pasillos de su imaginación, Reginald caminaba por las afueras de Zurkaks—la torre de oscuridad. Sostenía su espada mientras su mirada se perdía en el horizonte, llena de dudas. ¿Acaso todo había sido una mentira? ¿Acaso estos años dependiendo del poder de la luz fueron algo que nunca le perteneció? Reginald nombró en voz alta su rechazo hacia la luz, y de alguna forma sintió la conexión desvanecer.

Depender de la luz era su escudo contra la injusticia del mundo. Nada lo hacía más poderoso. La idea de que aunque fuera un pedazo de ella era suficiente para demostrar su conexión con algo más grande que sí mismo. En un instante, esa mentira dejó de tener poder. La conversación con Lady Dark fue lo que finalmente le hizo falta.

Ahora estaba seguro: en su corazón ya no había espacio para la luz. El vibrar de su espada se sentía como otro corazón latiendo en su interior. La conexión con la luz había desaparecido, pero todavía intentaba aferrarse a la idea de lo que había sido.

Su mente se nublaba con una lluvia de pensamientos. Recuerdos desatados del presente. La mirada de su hermana. La cansancio en el rostro de su padre. Los problemas del reino y cómo los caballeros de oscuridad lo habían conquistado todo. Este debía ser el plan de Chaleine, la bruja con la que su padre debía firmar el nuevo acuerdo. Este era el nuevo camino que estaba tomando el reino.

Reginald dejó atrás el dolor de la pérdida y se concentró en el futuro. Él era la única esperanza del reino.

Escondido del frío en una pequeña carpa al pie de un gran árbol, Adam—el caballero de luz que no fue capaz de vencer a Damián—extrañaba el calor de la fogata ahora extinguida.

¿Acaso no piensa venir? se preguntó.

Habían pasado días desde que Reginald, el príncipe en búsqueda de la luz, había entrado en Zurkaks. Adam empezaba a contemplar la posibilidad de entrar a rescatarlo.

Esto fue una mala idea desde el comienzo.

Los días de soledad, escondiéndose de los guardias de Zurkaks, empezaban a pesar. Debía haber un camino. El futuro estaba en sus manos. Usar al príncipe como una pieza intercambiable había sido un error. ¿Cómo regresar con el rey? ¿Cuál sería su excusa por no solo cabalgar en dirección opuesta, sino dejar que las tropas de Chaleine secuestraran al príncipe? Todo estaba perdido.

La luz le advirtió del peligro que se acercaba. Era cuestión de tiempo. Tomó su copia de las sagradas escrituras, llamó a la luz para que lo proteja. Incluso sin su armadura, sería casi imposible que uno de los guardias de Zurkaks le hiciera daño. Tomó su espada y salió de la carpa.

El hombre que se acercaba no llevaba una de las armaduras de los caballeros de oscuridad, pero su ira sí. Cubierto con una capucha negra, continuó caminando en dirección del caballero de luz.

Este debía ser uno de los acólitos de la oscuridad. Pero Adam notó algo diferente. Los recuerdos de su batalla anterior despertaron en su mente—la fuerza inhumana detrás de cada golpe, esa espada terrible.

Reginald miró a Adam y notó la reacción de sorpresa en su compañero. Era hora de actuar. Desenfundó su espada y se lanzó al ataque.

Adam levantó su espada para defenderse. Los golpes se sucedieron en una danza conocida, luz contra oscuridad. Pero algo era diferente. Los ataques no parecían tener intención de muerte. Parecía un entrenamiento de la academia.

—¿Reginald?—preguntó Adam.

El príncipe se levantó la capucha para mostrar su rostro. Sus ojos habían perdido el brillo que alguna vez fue su atributo distintivo. Su piel pálida y las pronunciadas ojeras transformaban sus facciones. Reginald parecía uno de ellos. Un Caballero de Oscuridad.

—Te ves terrible.

Reginald sonrió.

—Todo salió conforme al plan.

—No del todo—dijo Reginald, enfundando su espada—. Todavía hay mucho por descubrir. Salí para decirte que regreses con mi padre. Necesito que lo cuides mientras sigo descifrando los secretos de la oscuridad. ¿Puedes hacer eso por mí?

Adam se quedó en silencio. ¿Era este el mismo príncipe al que había convencido de entrar en la torre de oscuridad?

—No tengo mucho tiempo—añadió Reginald—. Ve y dile a mi padre que encontré una forma para salvarnos a todos.

Sin más palabras, Reginald regresó a Zurkaks, dejando atrás a un confundido caballero de la Luz.

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Sebastián Iturralde
Sebastián Iturralde

Sebastián Iturralde

Un simple ciudadano de este hermoso planeta, eterno enamorado de la creación artística y de las letras, con la firme convicción de que la energía creativa surge de la naturaleza.

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