Viento de Aventura
Impactado por el cambio radical de su compañero, Aslan decide convocar a las fuerzas del reino para una misión crucial.
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Impactado por el cambio radical de su compañero, Aslan decide convocar a las fuerzas del reino para una misión crucial.
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Sobre su caballo, dejando atrás a la torre de oscuridad, Zurkaks. Aslan se dejaba llevar. Recordando el rostro del príncipe. Había algo que él no podía comprender.
Por un lado Aslan sabía que convertirse en un caballero de oscuridad debía ser un reto, mientras seguía sin creer que Reginald había sido capaz de vivir esa transformación. El príncipe ya no era quien entró en la torre hace tan pocos días. Su rostro. Aslan seguía sin creer que ellos eran las mismas personas. Era imposible.
El plan de Aslan era exactamente ver lo que sucede, pero jamás pensó que esta era una de las posibilidades. No era algo malo. Después de todo el príncipe parecía estar bien. Transformado, pero en sus cabales. Ahora tenían a un espía dentro de los rangos de la oscuridad. Un ser capaz de descubrir los secretos para sobrepasar a la oscuridad.
El costo parecía demasiado alto. Debería haber entrado, se repetía Aslan. Mientras el caballo regresaba a casa.
Aslan siempre se había preguntado cómo hacen los caballos para regresar a casa. No importa dónde quede su casa. Más aún cuando después de ser parte de una manada son secuestrados y llevados a distintos rincones del reino. Eso le daba un poco de tranquilidad.
La oscuridad en los ojos del príncipe le recordaron a Aslan de su batalla contra los caballeros de oscuridad. Recordó lo inútil que fueron sus intentos por vencerlo. Años de servicio a la luz lo llevaron a convertirse en uno de los más poderosos caballeros de luz. Aslan no era capaz de imaginar a un ser tan poderoso como para derrotar a Damián.
Eso era lo que realmente le preocupaba. Más allá de lo que le causó al príncipe. Aslan tenía un deber con la luz. Devolver el poder al rey era lo único que importaba.
Frederic había reinado con astucia y su pueblo estaba en un estado de opulencia. Las riquezas de su reino los distinguían de todos los demás. La gente debía conseguir permiso para cruzar las murallas y muchos hacían un viaje para tan solo quedarse afuera. Más allá de las fronteras del reino. De la pared de piedra que los protegía existía una ciudad completa. Estos individuos esperaban que las fuerzas de las fronteras les otwrguen un permiso de entrada. Muchos de ellos esperan por meses antes de buscar la forma de entrar.
Los guardias fronterizos protegen la muralla como si estuvieran en guerra. Muy pocos llegan a cruzar más de un par de metros.
Todo ese poder económico. Todo ese ejercido ahora está en el poder de un grupo que lo único que quieren es propagar sus creencias.
Claro que Aslan era uno de ellos y sabía que la Luz era el camino. Sin embargo, no estaba de acuerdo con arrebatar a los demás de sus creencias. Gracias a su camino como caballero de la luz, él sabía que todos los caminos dirigen al mismo lugar. Parte de su credo lo obligaba a respetar el de los demás.
Claro que esto no era igual para los creyentes. Esas personas que ven los actos de la luz en otros. Los que creen que pidiendo de rodillas logran lo que requiere trabajo. Esos que creen que la magia no tiene precio. Los perdidos.
Existía la posibilidad de que las intenciones de los caballeros de oscuridad estén más allá de la razón. Aslan solo podía imaginar lo que una persona con sus limitaciones es capaz. Esto le hacía temer los fines de la oscuridad.
Existía la posibilidad de que en Zurkaks sepan la verdadera identidad del príncipe.
Aslan tomó las riendas y detuvo a su caballo. Giró para ver a la torre de oscuridad a la distancia. Era majestuosa. Una obra de infraestructura demasiado grande para tener un propósito diferente a ser observada. Claro que Aslan realmente no sabía lo que sucedía en ese lugar.
Por su mente pasó el recuerdo de su enfrentamiento con Damián. Lo fácil que fue para él caballero de oscuridad derrotarlo. Lo inútil que se sintió al ver que todo lo que había construido se desvaneció en un instante. Estaban derrotados. Reginald era su último recurso. No podía dejar solo al príncipe.
Era posible que llegara un momento en el que fuerzas de la oscuridad querían controlar a Reginald. Aslan conocía al joven príncipe desde muy joven. Tenía que encontrar una forma de solucionar un problema que todavía no existía.
Aslan sacó de su bolso un pergamino previamente preparado por Sharai. Era un mecanismo de comunicación unidireccional, ella sabría inmediatamente que Aslan solicitaba una reunión del equipo.
A kilómetros de distancia, a las afueras de un gran castillo, Sharai sintió a su conjuro activarse.
Aslan abrió el pergamino con sus dos manos dejando que la luz ilumine las letras. Estas se encendieron en fuego y comenzaron lentamente a consumir el papel.
Es hora de empezar la aventura, pensó Sharai caminando a uno de los cuartos de su fría cabaña de madera. La humedad de las tierras alrededor del castillo penetraba los cimientos de todas las casas. Consumiendo los materiales hasta destruirlos. La roca soportaba un poco más pero el frío del fondo de una laguna se podía sentir en todas partes.
La luz del sol entraba por un abertura gigante en el techo de su casa. Un cristal imposible para su época. Ella disfrutaba de algo que era imposible para los residentes de la ciudad. Un líquido transparente que sostenido con magia formaba el techo del lugar. Sharai buscaba entre los aparadores un libro. En su imaginación podía ver la página, las letras. Incluso era capaz de recordar sus palabras, pero este conjuro era diferente. Entre sus páginas estaba el poder para llamarlo.
Subida sobre una silla de madera alcanzó el libro que estaba buscando. Tomó una piedra irregular y se agachó. En el momento en que su mano hizo contacto con el piso una marca quedó encendida. Sharai siguió dibujando mientras su magia como un fuego de colores permanecía brillando.
Ese instante los colores cambiaron y un domo de energía se creó a su alrededor.
Cleirk y Kesly caminaban en dirección de un nuevo objetivo. Mirando a la distancia un castillo que parecía abandonado. Cuando la imagen de Sharai apareció frente a ellos. Por un instante miraron a la hechicera y supieron que las órdenes habían sido dadas. Sin discutirlo entre ellos giraron y empezaron a caminar en la dirección opuesta.
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