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18 Jan 2026 Ciencia Ficción

Escritor de Sueños

Entre la selva de concreto y la naturaleza descubrí un secreto que aún no logro aceptar.

Escritor de Sueños
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Palabras 859
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Al despertar, Gabriela estaba segura de necesitar una bebida refrescante. Intentó volver a dormirse, pero era imposible. Horas después, sentada en su oficina, no podía dejar de pensar en ellas. Era como si algo en sus recuerdos siempre le llevara a desear ese sutil burbujeo en su boca.

Debía ser la bebida refrescante. Su vida era demasiado complicada para pensar en esos detalles. Hoy tenía que terminar una presentación para nuevos inversionistas de su firma. En este mundo, donde lo único que se vende es intangible, Gabriela debía convencer a estas personas de que las acciones de la empresa tendrían un rendimiento positivo.

Era un día más en su vida. Uno de una serie interminable de reuniones. Con el tiempo, sus tácticas habían mejorado tanto que llegó a ser uno de los cargos más altos de su departamento. Para Gabriela esto era sencillo.

Así que se preparó acompañada de la bebida burbujeante, tomando pequeños sorbos mientras se alistaba para el gran momento.

Los inversionistas eran un grupo que se había capitalizado demasiado rápido. Dueños de una tecnología avanzada, todavía secreta en el mercado. Los socios de la empresa estaban entusiasmados. Esta era la oportunidad perfecta. Aunque era improbable que fuera más que una reunión ordinaria.

Cuando llegó la hora, Gabriela había terminado de organizar todo. Las bebidas burbujeantes permanecían en una refrigeradora, listas.

Gabriela estaba nerviosa, como siempre. Pero nada que un sorbo no le ayudara a calmar. La bebida se había convertido en su compañera de los momentos más críticos.

La reunión fue como cualquier otra. Gráficos con números dudosos y palabras que daban verosimilitud. Los inversionistas parecían comprometidos con la información. Quizás más por cortesía que por asombro. Sin embargo, su curiosidad los llevó a indagar.

Se hablaron de muchos factores. Activos fijos que servirían de respaldo en caso de que la inversión corriera riesgo. La empresa parecía sólida. La información estaba respaldada por documentos oficiales. Pero los inversionistas dudaban de su capacidad.

Joseph, el presidente, les aseguró que el futuro era prometedor. Aunque eso palidecía frente al crecimiento de otras organizaciones. Como la que tenían enfrente.

Los dueños de Dreamcatch no estaban aquí para invertir. Estaban en los inicios de su empresa, y notaron que la mejor forma de reunirse con los altos mandos era bajo la apariencia de una oferta de inversión. Ellos tenían el dinero para hacer despegar a cualquiera. Sus intenciones eran expandirse aún más.

—Tus números muestran datos perturbadores—dijo Christian, presidente de Dreamcatch—. Estas cifras solo demuestran que poseen una pequeña porción del mercado.

—Hemos tenido un crecimiento significativo durante estos últimos períodos.

—Estoy seguro que su competencia tendrá mejores números—añadió Christian.

—Nosotros buscamos oportunidades explosivas—dijo Augusto, vicepresidente de Dreamcatch.

—Esta empresa les ofrece seguridad.

—Sí, sí—dijo Christian levantando una mano—, pero si ustedes están dispuestos a tomar riesgos, podríamos hablar.

Gabriela y Joseph intercambiaron miradas.

—Deben saber que Dreamcatch es una de las empresas de mayor crecimiento a nivel mundial. Somos accionistas de las marcas más vendidas del mundo. Como saben, nuestra participación sobrepasa el treinta por ciento. Queremos ser parte del futuro de su empresa.

—Nosotros no estamos dispuestos a vender esa cantidad—dijo Joseph, dejando clara su ambición.

—Podríamos comprometernos, y ustedes contratarían nuestros servicios—dijo Christian antes de que uno de sus asistentes entregara a Joseph una hoja en blanco.

Gabriela y Joseph se sorprendieron al ver la hoja en blanco.

—Debes entender que lo que se hablará a continuación es de carácter confidencial—dijo Augusto—. En esta hoja hay un contrato que el notario aquí presente validará.

Joseph levantó la mirada, confundido. Uno de los asistentes le entregó unos anteojos especiales y un bolígrafo. A través de las lentes, pudo ver el contenido del documento. Era un contrato de confidencialidad con términos extraordinarios. Joseph dudó por un instante. Pero quería saber qué secreto había catapultado a Dreamcatch. Estaba en la mesa de los adultos. Era hora de dar el salto.

Gabriela no podía creer que su jefe firmaría una hoja en blanco.

—Hecho—dijo Christian.

Augusto se acercó a Joseph.

—Tenemos la tecnología para implantar imágenes en los sueños de las personas. Imagine a alguien reorganizando las ideas de su mente mientras duerme, rodeado de nuestros productos. Podemos hacer que esta botella—dijo, tomando la bebida de la mesa—aparezca en las manos de los personajes de sus sueños.

Gabriela recordó uno de sus sueños. Un envase con la bebida burbujeante que siempre deseaba.

—¿A cuántas personas pueden llegar?—preguntó Gabriela, manteniendo la calma aunque la preocupación bullía en su interior.

—Nuestro alcance actual nos llega a un 60% de la población mundial, pero nos estamos expandiendo—dijo Augusto con una sonrisa.

—¿Existe alguna forma de ser inmune a esta transmisión?—preguntó Gabriela, acercándose lentamente hacia Augusto.

—Claro que existe—dijo Christian desde el otro lado de la mesa—. Lamentablemente, está disponible solo para nuestros socios. Mi propuesta es comprar un porcentaje de su empresa. Espero su respuesta antes del cierre del día.

Gabriela y Joseph no pudieron hacer nada para detener a los visitantes. Se miraron y corrieron hacia la carpeta que quedó sobre la mesa. Al abrirla encontraron la oferta y dos brazaletes.

Joseph sonrió mientras revisaba el documento. Gabriela se colocaba lentamente el brazalete.

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Sebastián Iturralde

Sebastián Iturralde

Un simple ciudadano de este hermoso planeta, eterno enamorado de la creación artística y de las letras, con la firme convicción de que la energía creativa surge de la naturaleza.

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