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21 Oct 2026 • Suspenso

Reflejo

A veces esperamos una sacudida para mirar de frente lo que deseamos. En este relato quise explorar lo fácil que es confundir lo que se espera de nosotros con lo que realmente queremos.

Reflejo
Lectura aprox. 6 min
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Palabras 1020
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Desperté sin ganas de levantarme. La vida había tomado un giro repentino con la noticia revolucionaria. Tan solo ayer disfrutaba de mis horas filmando a la gente pasar. Todos debemos seguir el camino que nuestro amado líder considera necesario. Quisiera tener alguna idea que me ayudara a salir de este embrollo. Al parecer, el nuevo mundo está aquí para quedarse.

Escuché que las fronteras fueron cerradas. Me pregunto qué pasará con toda la mercancía que se importaba. El mercado siempre encuentra la forma de dar al consumidor lo que necesita; los precios volverán a subir. El invierno está cerca. Debo dejar atrás tanta pereza: solo mi propio esfuerzo me ayudará a sobrevivir lo que está por venir. Me gustaría saber qué está haciendo nuestro líder en este preciso instante.

Esta nación no caerá por los errores de otros. Los ciudadanos aprendieron a luchar; estas costumbres no se pueden borrar con facilidad. Moví las cobijas y sentí el frío entrar en mis huesos. Todavía tenemos tiempo para disfrutar del calor. Al levantarme, encontré las zapatillas en el piso. Imaginé que unas gotas de agua caían sobre mi cabeza: eso era lo que necesitaba para empezar el día. Caminé a través del frío hasta llegar a las heladas baldosas del baño.

El agua de la ducha calentó mi cuerpo. Por un instante quise que el tiempo se detuviera. Al salir, el frío del aire se apoderó del calor; sentí la urgencia de secar mi cuerpo. Parecía que estaba a punto de congelarme. Encontré mis botas. La ropa limpia estaba distribuida por diferentes cajones del armario. Escogí la mejor mudada; no era el único que dependía de mi éxito.

En el estacionamiento me esperaba ese hermoso automóvil que siempre había deseado tener. Mis sueños incluían viajar por el mundo, aunque, en realidad, solo servía para llevarme de ida y regreso: mi trabajo era el único destino. Llegué como cualquier otro día. Mis compañeros ocuparon rápidamente sus puestos. Incluso en este lugar se podía apreciar la necesidad de pertenencia.

Encendí el monitor para observar cómo cambiaban las imágenes. El computador estaba listo, con todos los procesos que debían completarse. Las paredes empezaron a moverse; los escritorios parecían bailar al mismo son. Me aferré al monitor por un instante. El sonido me hizo reaccionar. Corrí hacia una de las ventanas y sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies. Era como estar de pie sobre la rama de un árbol después de que la cortaran. El movimiento continuaba sin cesar. Miré hacia abajo: era imposible salir ileso de aquella caída.

El edificio empezó a desplomarse. Sentí que el suelo dejaba de estar en contacto con mis pies. Esperé un instante y decidí saltar por la ventana. Al caer, pensé que mis huesos crujirían y que tendría las piernas rotas. Pero una fuerte corriente de aire me empujó, como si tratara de hablarme. Flotaba, dejándome llevar, mientras el edificio se desplomaba con todos en su interior.

Giré en busca de una respuesta y vi cómo el resto de la ciudad se desmoronaba en una secuencia caótica. Por alguna razón, era incapaz de formar parte de la destrucción. Ahora flotaba sobre los escombros, mientras la luz que me rodeaba hacía que el dolor fuera difícil de apreciar. Me dejé llevar por un viaje que no podía controlar, mirando con asombro la fuerza destructora de un ente que estaba fuera de mi control.

En ese estado, cuando empecé a imaginar el dolor de aceptar que mi vida había terminado, me di cuenta de que no había alcanzado nada. Mis sueños e ilusiones estaban basados en mis carencias. Lo poco que era capaz de apreciar estaba limitado a la perspectiva de un esclavo más de este mundo. Entonces, ¿cómo iba a saber lo que quería?

Mientras mi cuerpo parecía dejarse llevar por una ilusión, supe que ese era el camino que deseaba, que eso era lo que siempre había querido: ser el hijo que disfruta de un viaje de la mano de un padre que lo lleva por el camino que conoce. Mirar todo a mi alrededor parecía suficiente. ¿Para qué más? Analicé cada detalle. Todo parecía sorprendente. Por un instante, me imaginé como un camarógrafo de un noticiero, un empleado que amaba filmar, pero que no lo había descubierto hasta ese instante; una persona que siempre pensó que esconder sus filmaciones para que nadie las viera era el camino correcto.

Me dejé llevar, seguro de que todo esto era tan solo una mentira. Nada puede ser tan bueno. La vida debe tener un poco de sufrimiento. ¿Acaso esa era solo mi idea?

El fin estaba cerca. ¿Qué otra razón podía haber para que esta experiencia fuera tan hermosa? Flotaba a través de un espectáculo difícil de imaginar. Observaba la Tierra moverse en cámara lenta mientras todo lo que el ser humano había construido durante generaciones se desmoronaba en un instante. ¿Acaso esto era lo que debía experimentar? ¿Una vida entera esperando que esto sucediera para apreciarlo con mis propios ojos?

Entonces, ¿para qué habían servido el resto de mis días? ¿Para qué había servido todo lo que viví? ¿Solo había sido un prólogo de la historia más corta? ¿Acaso era como un árbol que había vivido cientos de años para finalmente encontrarse en medio del fuego que se lo llevó todo?

Mi perspectiva seguía siendo demasiado limitada para entender lo que ocurría cuando sentí los empujones de mis compañeros. Corríamos por las gradas del edificio, todos, aparentemente. Mi mano chocó contra el pasamanos. El metal helado bajo mis dedos me devolvió de golpe a la realidad. Alguien pasó a mi lado y casi me hizo perder el equilibrio. Corríamos como animales libres en una pradera, solo que dentro de una cueva y hacia abajo. El edificio se movía, haciendo casi imposible saber dónde caería el siguiente paso. Sin embargo, todos parecían llevar el ritmo del caos.

Al salir, noté que mi imaginación había sido más dramática que la realidad. El caos se disipaba y la ciudad seguía en pie. Así que saqué mi celular y empecé a filmar. ¿Acaso eso no era lo que siempre había querido hacer?

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Sebastián Iturralde

Sebastián Iturralde

Un simple ciudadano de este hermoso planeta, eterno enamorado de la creación artística y de las letras, con la firme convicción de que la energía creativa surge de la naturaleza.

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