Sobre la Luz del Microscopio
Un avance imposible en regeneración pone a Júpiter entre la promesa científica y el control de quienes quieren apropiarse de su descubrimiento.
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Un avance imposible en regeneración pone a Júpiter entre la promesa científica y el control de quienes quieren apropiarse de su descubrimiento.
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Este era un día más en la vida rutinaria del doctor Júpiter Estelar. Como de costumbre, fue el primero en llegar a su laboratorio en el Instituto de Biotecnología de Tessa. Era un renombrado científico a pesar de nunca haber obtenido logros trascendentales. Sus años de experiencia en genética molecular lo hacían único en su país, Bocoy.
Siempre disfrutó llegar temprano, tener tiempo para analizar los resultados de sus experimentos. Después de todo, era el único que les daba importancia. Por tantos años, sus resultados no habían cumplido las expectativas del instituto.
Júpiter se encontraba analizando una de las cámaras de aislamiento. El dispositivo contenía un órgano humano: un riñón que se mantenía con vida y en funcionamiento gracias a las máquinas que recreaban las funciones necesarias.
Fue sorprendente notar que las manchas en el tejido habían desaparecido. El órgano no había calificado para trasplante; el anfitrión había sufrido una insuficiencia renal aguda. Júpiter buscaba métodos para revertir la enfermedad. En este caso, esperaba encontrar el tejido descompuesto, pero no había puesto mucha atención al empezar a experimentar. Ahora recordó que había añadido una variación de una sustancia en la que venía trabajando. Los resultados parecían fascinantes.
Sorprendido por el aspecto del tejido, empezó a revisar los datos del computador. El interior de la cámara estaba en constante análisis. Enseguida notó el cambio acelerado en las últimas horas. Examinó el historial del sistema: el cambio había empezado el día que añadió la sustancia.
«¿Será posible?» pensó al verificar los datos. Debía estar seguro de su descubrimiento antes de emocionarse. Júpiter analizó los detalles del comportamiento del tejido. No mostraba rastros de enfermedad. No podía creer lo que sus ojos veían. Había logrado devolverle la juventud y la capacidad de regeneración a un riñón que había sido responsable de la muerte de su anfitrión.
Júpiter imprimió los datos que mostraban el cambio. El reporte detallaba cómo la sustancia había sido añadida al sistema de recreación de funciones. Este logro debía ser presentado de inmediato.
Salió del laboratorio llevando los documentos en sus manos. «Esto es más de lo que esperaba conseguir» pensó mientras se dirigía al despacho de la cabeza del Instituto de Biotecnología de Tessa.
Júpiter caminó con prisa por los pasillos. Debía llegar al despacho de Gastán. Era la primera vez que llevaba personalmente un reporte a la cabeza del instituto. Al llegar, se encontró con el escritorio de la secretaría.
—¿Cómo puedo ayudarte? —preguntó Ginebra.
Júpiter pasó sin responder. Debía entregar el reporte.
Júpiter abrió la puerta del despacho sin esperar invitación. Ginebra lo siguió avergonzada.
—Nos puedes dejar a solas —dijo Gastán.
Ginebra cerró la puerta al salir. Júpiter caminó hasta el escritorio y dejó caer el reporte. Gastán levantó la mirada, sorprendido por el cambio repentino en la personalidad habitualmente sumisa del científico.
—¿A qué se debe esta invasión? —preguntó, tomando los documentos.
Júpiter se mantuvo de pie frente al escritorio. Quería ver la expresión de su jefe al descubrir los resultados. Analizaba con detalle cada reacción.
—¿Es posible? —preguntó Gastán levantándose—. No puede ser. ¿Dónde está el tejido? Debo verlo de inmediato.
La sonrisa en la cara de Júpiter reflejaba el logro que anhelaba. Se sentía en control.
—Sígueme y te lo mostraré —dijo, girando hacia la puerta.
Caminó con calma, sin urgencia. Ya había entregado el mensaje. Hizo que el viaje fuera lo más lento posible. No había prisa para mostrar los resultados de su experimento.
Gastán caminaba en silencio. «Si el reporte es correcto, tendré que hacer cambios» pensó. Con esa idea llegaron imágenes de un futuro sin envejecimiento. Era un gran paso hacia la inmortalidad humana, pero era muy temprano para tales expectativas. Prefirió esperar a ver los resultados antes de hacer planes.
Una vez que llegaron al laboratorio, Júpiter guió el camino hasta la cámara de aislamiento donde se encontraba el riñón rejuvenecido. Gastán se acercó al monitor conectado a la cámara. Manipuló el sistema e hizo un rápido análisis del tejido. Confirmó lo que había leído en el reporte.
—Esta información no puede salir de aquí —dijo, tomando su dispositivo móvil.
Poco después, un equipo de hombres de cuerpos fornidos llegó. Llevaban batas blancas como las de los científicos, pero no parecían serlo. Gastán dio una serie de órdenes. Los hombres aseguraron el laboratorio.
—Nadie puede entrar o salir sin mi autorización —dijo antes de marcharse.
Los hombres cerraron la puerta de ingreso. Parecían hacer guardia en el pasillo. Gastán empezó a caminar.
—Sígueme, tenemos que conversar —dijo, girando brevemente para mirar a Júpiter.
Júpiter era el único que sabía la fórmula del compuesto que había logrado la regeneración del órgano. Caminó con tranquilidad por los pasillos del instituto mientras Gastán hablaba por su dispositivo móvil.
Al llegar al despacho, Júpiter cerró la puerta tras sí y fue hasta el escritorio. Gastán se dejó caer sobre su silla.
—Toma asiento. Tenemos asuntos importantes que discutir —dijo.
Júpiter se sentó y esperó. Quería estar seguro de lo que estaba por suceder antes de actuar.
Dos golpes en la puerta interrumpieron el silencio.
—Adelante —dijo Gastán.
Una mujer joven, muy atractiva, abrió la puerta. Se detuvo por un instante, mirando fijamente a Júpiter. Quizá por primera vez sintió los ojos de una mujer sobre él. Sus miradas se cruzaron. El instante terminó.
Ginebra continuó caminando hacia el escritorio.
—Aquí están los documentos que solicitó —dijo antes de girar para salir.
—Hoy es un gran día para la ciencia —dijo Gastán, llamando la atención de Júpiter—. Tenemos que celebrar.
Se levantó y se dirigió al bar. Tomó una botella de cristal que parecía un elegante adorno, sirvió dos vasos y regresó a su escritorio.
—Brindemos por la ciencia —dijo, entregándole uno de los vasos.
Gastán levantó el suyo, dejó que el licor llenara su boca. Disfrutó del sabor del pesado néctar, del espeso y frío aire que llenaba sus pulmones.
—Ahora sí, hablemos negocios —dijo, regresando a su silla—. Estamos interesados en llevar tus hallazgos a la ciudadanía. Como sabes, esto requiere horas de pruebas hasta replicar los resultados en humanos.
Empujó los documentos sobre su escritorio en dirección a Júpiter.
—Este es tu nuevo contrato.
Júpiter alcanzó los documentos. Levantó el vaso para saborear el licor. Sintió su boca en fuego. Rápidamente lo tragó, dejando el vaso con el líquido casi intacto.
Rápidamente leyó las hojas en su mano. Tomó el bolígrafo del bolsillo de su mandil y firmó el contrato.
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