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Vida en el Espejo

agosto 15, 2020

Viendo que los demás no tenían intenciones de entrar, sorprendido por todo lo que estaba sucediendo; decidí ser el primero en pasar por el portal. En realidad, Alex no sabía lo que iba a suceder, pero alguien debía arriesgarse. Él sabía que esta podría ser la última vez que tuviera una oportunidad así.

A unos pasos de su grupo de amigos, el pequeño duende movía sus brazos. A simple vista se notaba que se esforzaba para mantener el portal abierto. No quedaría mucho tiempo.

Así que, Alex salió corriendo, alejándose rápidamente de sus amigos. Algunos de ellos intentaron detenerlo, todo pasó demasiado rápido.

«Alex…» alcanzó a decir Celina antes de verlo desaparecer.

Al atravesar el portal, Alex notó que todo seguía igual. El mismo bosque, las mismas plantas. Era imposible. Él empezó a buscar de un lado al otro, mirando con atención. Pero sin darse cuenta, su perspectiva cambió. El verde de las hojas era un poco más brillante, y los destellos de luz sobre ellas las transformaba en tonos que jamás pensó observar.

¿Siempre fueron así? se preguntó al dar un paso hacia adelante.

La belleza lo hechizó, y sus pasos lo llevaron cerca de una flor. La fragancia despertó sus sentidos. ¿Qué es esto? Cada tono, cada nota, todo era diferente. Pero Alex seguía en el mismo lugar, y al girar notó que el portal había desaparecido. Aunque sus amigos seguían ahí.

«¿Estás bien, Alex?» dijo Celina.

Él giró para buscar la fuente de esa hermosa melodía. Imposible, pensó al mirarla. Ella era más hermosa de lo que recordaba, ¿pero cómo?

Alex no podía entender lo que estaba sucediendo, tuvo miedo por un instante. Pero yo no sé cómo hablar con mujeres hermosas, él pensó. Y empezó a caminar lentamente en dirección de Celina, manteniendo su mirada fija en la belleza de su amiga de la infancia. «Estoy bien,» él dijo levantando una ceja y el mentón. Luego la tomó por la cadera para hacerla girar. «Vamos a buscar un lugar para hacer la fogata.»

Celina no estaba segura de las señales. Después de todo, a Alex le gusta otro tipo de chica. Al menos, eso era lo que ella pensaba.

Sebastián Iturralde

Tejedor de narrativas enigmáticas y relatos que exploran la profundidad de la experiencia humana con creatividad y pasión.

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