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Travesía a la Montaña
junio 12, 2015|Relatos Cortos

Travesía a la Montaña

Travesía a la Montaña

Un grupo de conocidos se ofreció a llevarme de paseo, como me iba a negar si ellos requerían mi carro para llegar, sin alternativa me sentí forzado a llevarlos. Después de todo, disfruto pasar tiempo en la naturaleza, puedo pasar horas escuchando su dulce melodía. Sin embargo, se ofrecieron a ayudar para que mis viaje sea perfecto, así que compré algunas herramientas e incluso un par de botas de cuero. Claro que lo último que pensé fue que este grupo—de asesinos—tenían planeado caminar por ocho horas, sabiendo este detalle me quedaba en el bosque del señor que me regaño su motocicleta.

La caminata empezó rápido, una vez que encontré un lugar para esconder el carro, incluso sin estar seguro del tiempo que nos tomaría llegar a la cima, decidí buscar un lugar “seguro.” Ellos empezaron a calibrar sus aparatos electrónicos, al parecer, se trataba de un grupo de deportistas de élite. Por suerte, vine preparado con suficientes provisiones para sobrevivir el dolor que estaba a punto de experimentar. Debería aprender a decir que no.

A al poco tiempo de empezar, mis novatos pasos hacían que los pies se froten el interior de las botas, usar calzado por estrenar no debería ser un requisito para tan larga travesía. En realidad, el verdadero problema empezó cuando los bolsas de piel en mis pies se rompieron, el líquido transparente fue succionado por los calcetines, y cada paso se volvió un dolor insoportable.

Probé que el dolor no es un factor, y continué hasta la cumbre, esa era la meta que tanto estábamos esperando, así que me dispuse a descansar. Sin embargo, noté que estaba equivocado, nuestro campamento en el frío insoportable duró únicamente cinco minutos.

El regreso, colina baja fue un nuevo calvario, al parecer, las botas hacen fricción en un distinto lugar cuando bajas. Llegué a imaginar la piel de mis pies ciertos por sangre, sin embargo, el dolor desapareció, en realidad dejé de sentir a mis pies. Estaba acabado, sin opción o fuerzas para buscar una alternativa, y seguí en dirección del carro. Sentí a mi cuerpo a punto de desplomarse por el cansancio, sin embargo, continúe pese a tropezar con todo en mi camino.

Al llegar, lo primero que hice fue quitarme las botas, por suerte mis expectativas eran algo exageradas. Sin embargo, debía buscar una forma para saldar las cuentas. Estábamos en mi carro, tenía el poder a mi alcance, solo debía manejar; tal y como lo hago cuando estoy solo. Luego de que todos subieron de forma apretada y sin las seguridades necesarias, arranqué el motor para manejar como un lunático, en el viaje sentí ser una hoja que baja por la corriente de un río.

Ellos se golpeaban de un lado al otro, justo antes de que tengan una oportunidad para reclamar llegó otra curva que los dejó sin aire. Manejar rápido fue emocionante, incluso olvidé al dolor las ampollas en mis pies, cada curva la tomaba un poco más rápido que la anterior, sentí que el vehículo se volvió parte de mi, junto luchábamos contra los obstáculos de la vida.

Antes de regresar a la civilización detuve el carro, estaba en un pequeño mirador desde el que se podía ver al pueblo. Ellos, mis compañeros se quejaban por el maltrato, sin embargo, no fue suficiente para mí, así que les pedimos a todos bajar. Ellos siguieron las órdenes y esperaron junto al carro, cuando saqué el arma para terminar con sus vidas noté que no lo esperaban. Deje los cuerpos en una cantera, y finalmente empecé mi viaje de regreso a casa.

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Sebastián Iturralde

Autor de relatos cortos, y novelista en desarrollo.

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Mensaje del Autor
Este relato corto fue escrito con toda mi capacidad creativa, y quizá tenga algún error intencional para que logres vivir mi sufrimiento.
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