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Cita Médica
junio 11, 2015|Relatos Cortos

Cita Médica

Cita Médica

El día empezó muy bien, sentí que este sería normal. Tenía planeado visitar a un nuevo doctor, sin embargo, no esperaba que el sujeto encuentre necesario realizar una intervención quirúrgica. Después de todo,  estoy seguro de encontrarme en excelentes estado. Me fue imposible rechazar su amable gesto de generosidad, peor aún, cuando mencionó que no tendría costo. En realidad, él parecía estar orgulloso de su bondadoso acto de caridad.

Sin embargo, haciendo caso omiso a mis instintos, salí en dirección a mi cirugía, por alguna razón, encontré necesario llevar una mochila llena de víveres, y me dirigí a su “consultorio.” Fue sorprendente encontrar que aquella casa abandonada también era usada para tratar enfermos.

Al llegar empecé a analizar el interior de la casa, uno de los hijos del doctor me recibió con amabilidad, sin embargo, solo podía pensar en una cosa, ¿qué piensan hacer con mi cadáver? Los dos caminamos, atravesando la planta baja hasta llegar a unas gradas que nos llevarían al piso en el que se encuentran los cuartos esterilizados. En realidad, al ver las telas de arañas en el techo, supe que estaba en el lugar equivocado. Esperar que los dos estén juntos era descabellado, debía actuar antes de que llegar al segundo piso.

Tomé al joven de los pies, él perdió el equilibrio y cayó en las gradas, antes de que recupere el balance lo golpee repetidamente. Esta vez estaba listo, encontré mi cuchilla en el bolsillo al costado de mi mochila, y corté su garganta. En retrospectiva, debí buscar un mejor lugar para que sea más fácil de limpiar. Sin embargo, algo sucedió que no esperaba, incluso imaginé recibir un fuerte golpe que me hizo perder el conocimiento. Ya que me desperté en el interior de un bus de transporte público, peor algo me decía que el trabajo estaba terminando.

El bus estaba lleno de personas, algo me decía que ellas eran parte del complot. Esperé en silencio, analizando sus miradas, de alguna forma, todos me observaban con curiosidad. Era posible que ellos sepan lo que sucedió, algo me decía que estaban esperando que cometa un error. Ellos sabían demasiado.

En realidad pienso que todos, de alguna forma, quieren terminar mi vida. Debe ser por lo que pueden ver de mi, imaginó que ninguno de ellos puede disfrutar una día en el campo, rodeado de naturaleza. Me deben odiar por la envidia que sienten al no ser como yo.

De tal forma, le cedí el asiento en una anciana, ella se sostenía con tranquilidad mientras el vehículo se movía a una alta velocidad. Pensé en la mejor forma para librarme de esta situación, después de todo, ellos han visto mi rostro, no podía dejar rastros. Seguro de lo que debía hacer, me dirigí a la cabina del conductor, claro que el viaje fue difícil al tener que atravesar a la multitud. Caminé con cuidado, debía estar listo en caso de que alguno de ellos me ataque, sin embargo, llegué para ver a un bonachón tras el volante, él sonreía y al parecer no esperaba que salte sobre él para presionar los pedales. Perdimos control del bus y este empezó a buscar algo para estrellarse.

Realmente me sorprendió el conductor, pese a recibir siete puñaladas y mantener mi codo contra su mejilla, él intentó evitar que el bus se dirija a una pared de concreto, él no quería divertirse. Acelerando al máximo logré calcular el ángulo perfecto para que el bus gire antes de detenerse sobre el techo, en realidad tenía planeado que gire dos veces. Aunque tres sería un nuevo récord.

Me esforcé para curvar la máximo el volante un instante antes de estrellarnos, y todos los cálculos dieron resultado cuando empezamos a girar hacia la derecha. En un instante el bus se encontraba sobre el techo, y empezó a girar más rápido de lo que esperaba. Tomé al conductor para cubrirme del primer impacto, luego encontré al ángulo de rotación y empecé a moverme dentro de una ola metálica. El conductor, al igual que los pasajeros se estrellaban al mantenerse estáticos, sin embargo, lo más sorprendente era ver al bus girar a tu alrededor, mientras todo en su interior parecía estar en caos.

Un objeto en el camino cambia todo en el interior del bus, todos ellos, los que no estaban listos, empezaron a salir por las ventanas. No había otra alternativa, el bus estaba a punto de estrellarse, decidí saltar por la puerta delantera. Me agaché para que el bus siga girando al pasar sobre mi.

Sin alternativa, empecé a caminar hacia los árboles, el día fue demasiado complicado, no tardé mucho en encontrar un lugar cómodo para descansar.

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Sebastián Iturralde

Literato, amante de la naturaleza y la vida.

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