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01 Apr 2026 🌙 Sibilare

Parte de la Manada

El rugido de los motores, donde un solo error puede llevar al final. Y allí, entre el acero, una maga novata comienza a doblegar los elementos a su voluntad.

Parte de la Manada
Lectura aprox. 5 min
Palabras 924
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Su viaje a la dimensión del fuego dejó a Dana perturbada. Una vez más se encontrará sola en la casa de un extraño, pero el miedo que la llevó a despertar un poder que hasta ahora parecía inalcanzable fue un costo demasiado alto para ella. Su mente estaba atrapada entre recuerdos que no podía dejar ir. La criatura se acercaba. Su control del agua completamente paralizado.

Dana intentaba olvidar mientras su pequeño dragón la miraba con curiosidad. La criatura claramente quería cambiar la situación. Deseaba volver a ver la sonrisa de la mujer. Sin embargo, la hechicera permanecía atrapada sobre un colchón que estaba dispuesta a recibir sus penas.

Jacob se empezó a preocupar al notar que la situación se prolongaba. Días tras días en los que ella solo salía del cuarto para comer. Era obvio que algo estaba mal y la incapacidad de hacer algo lo enloquecía. Jacob tenía que ayudar a su amiga a salir de ese estado.

Para Dana los días empezaron a volverse una ilusión que los unía en un constante pasar del tiempo. El día y la noche eran parte de lo mismo. Un prolongado laberinto en el que su mente estaba atrapada. Cada instante un recordatorio de lo que había sucedido.

—Te preparé algo de comer. —dijo Jacob al entrar con una charola al cuarto.

Le traía frutas para llenarla de energía y café para que encontrara la fuerza para continuar.

—No tengo hambre.

Jacob levantó la mirada al notar que las luces del cuarto se encendieron por un instante. Sin darle mayor importancia se acercó dejando la charola sobre la cama.

—Come algo, te va a ayudar. —con eso Jacob salió de la habitación, dejando a Dana con las ideas de su mente.

El temor de haber visto a la criatura y la incapacidad de no ser capaz de controlar los elementos. Dana recordó el poder del fuego, era diferente a lo que estaba acostumbrada. Una fuerza que se sentía como una tristeza acumulada que solo quería escapar. Un calor que nace de adentro. Ella sacudió la cabeza y tomó la taza de café. Estaba demasiado caliente. Así que intentó enfriarla con su magia. Nada.

Dana intentó otra vez. Los mismos resultados. Mientras el pequeño dragón permanecía acostado sobre un mostrador, observando. Ella se levantó de la cama. Su dolor desapareció. La frustración tomó su lugar. La perdía cada vez era más real. Volvió a intentar. Nada.

Dana corrió hacia el baño, abrió las llaves del agua y trató de moverla. Todo era inútil.

—¿Estás bien? —preguntó Jacob al entrar para ver si Dana estaba comiendo.

—Sí, todo está bien —respondió Dana y notó con sorpresa cómo el agua del lavabo empezó a levantarse. La burbuja de agua seguía creciendo hasta que Dana cerró la llaves. La esfera de agua flotó por un instante antes de desmoronarse y caer al piso.

Jacob escuchó el paf y corrió al baño para encontrar el piso cubierto de agua.

—¿Qué pasó?

—No es nada —dijo Dana y una corriente de viento empezó a rodearlos. Un silbido sibilante se apoderó del cuarto mientras ellos se agacharon cubriendo sus cabezas con los brazos para protegerse.

Eventualmente el caos se detuvo.

Dana intentaba unir puntos. Su incapacidad para controlar los elementos y estos efectos al azar que parecían suceder sin razón.

—Dime la verdad, Dana, —exigió Jacob.

—Todo está bien, solo necesito descansar.

Jacob dio un paso para atrás cuando vio al fuego crecer entre ellos. Dana intentó extinguir las llamas con su mano pero el fuego continuaba creciendo. Usando toda su concentración comprimió el fuego de la misma forma que lo había hecho con otros de los elementos. Mientras Jacob tuvo que salir del cuarto cubriéndose el rostro para alejarse del calor.

Dana se concentró en lo que tenía a su alcance mientras el fuego seguía creciendo. No había herramientas que le ayudaran a detener lo que estaba a punto de suceder. El miedo se apoderó de ella y ese instante recordó el valor que tuvo para enfrentar a esa criatura. Para soportar el fuego.

—Tengo miedo. —ella dijo intentando aceptar sus sentimientos. Enseguida el poder regresó a sus manos y la esfera empezó a comprimirse y cambiar de color. El fuego cada vez era más intenso y el calor en la habitación no disminuía con el cambio de tamaño. Dana se veía asustada de lo que podría pasar. Cuando el pequeño dragón voló frente a ella devorando la esfera de fuego.

Inmediatamente el calor cesó y Jacob pudo regresar al baño. Allí estaba Dana, tratando de entender lo que había sucedido.

—Es obvio que vas a tener miedo —dijo Jacob—. ¿Cómo crees que me siento? Estamos juntos en esto y te voy a apoyar hasta que logremos que esta persecución termine.

—Nunca va a terminar. —dijo Dana con tristeza.

—Si es así viviremos luchando.

Dana levantó la mirada.

—Yo nací para esto, —añadió Jacob—, vamos a acabar con esos desgraciados.

Dana sintió un poco de alivio. En el fondo ella sabía que no estaba sola. Aunque no quería que el peso de la vida que debía vivir estuviera sobre otros. Aceptó que Jacob quería ser parte de esto y ella debía respetar su decisión.

—No quiero que…

—Nada de esto es tu culpa. —dijo Jacob colocando su mano sobre el hombro de Dana—. Vamos a acabar con ellos y disfrutar cada instante.

En ese instante Dana aún no comprendía lo que estaba sucediendo, pero Jacob ya tenía listo un plan para dejar de ser las presas y convertirse en los cazadores.

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Sebastián Iturralde

Sebastián Iturralde

Un simple ciudadano de este hermoso planeta, eterno enamorado de la creación artística y de las letras, con la firme convicción de que la energía creativa surge de la naturaleza.

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