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15 Apr 2026

En las Sombras de la Luz

Reginald dejo atras la Luz y ahora camina entre acero oscuro, dolor y destino. Su regreso a Zurkaks marca el inicio de una nueva lealtad.

En las Sombras de la Luz
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Al regresar, Reginald se sentía aliviado, todos los pesos que la relación con su padre le había costado se desmoronaron. Finalmente había llegado a la cima que tanto anhelaba. Desde allí sería capaz de vivir su propia historia. Dejando atrás todas las preocupaciones del ayer. Su conexión con la Luz así como con todo lo que dejaba se desvanecía y le daba la fuerza para verlo volverse realidad.

Después de días siendo parte de un sistema que todavía no entiende, Reginald finalmente vio hacia adelante con curiosidad. ¿Acaso este era el camino del que hablaban los tomos de la luz?

En sus años entrenando para convertirse en un caballero de luz llegó a comprender todo. La vida era transparente, un viaje de hacer el bien. Arrepentirse cada vez que el camino se tropezaba con los límites impuestos por la luz. Su bendición era lo único que se necesitaba para seguir adelante.

El pueblo era anonadado por el poder de los caballeros de luz, quienes siguiendo sus normas hacían que el mundo sea un lugar mejor. Un paraíso terrenal. Claro que en las naciones bajo el poder de la luz, a los residentes se los distribuía en dos grupos: los que siguen las leyes divinas y los que cargan condenas.

Reginald conocía los calabozos y estaba feliz de finalmente ser uno de los caballeros de luz. Los protectores de la verdad.

Claro que desde que llegaron los caballeros de oscuridad todo cambió. Su fuerza, con la que derrotaron a la luz en un parpadeo, estaba fuera de la comprensión. Incluso los altos rangos de la Luz se escondieron en sus fortalezas para dejar que la Oscuridad lo consumiera todo. Reginald también quería escapar. Cada día de su tiempo en Zurkaks fue una lucha.

Todo cambió cuando los docentes de la institución lo incitaron a rechazar a la Luz para continuar en el juego de la oscuridad. El recuerdo de haber pronunciado las palabras lo atormentaba. Su moral lo obligaba a ser recto con su convición. Después de todo, un caballero de la Luz no puede mentir.

Zurkaks era gigante incluso para Reginald. Con cada paso que daba para regresar, la torre parecía crecer. Acólitos rodeaban la construcción de piedra expuesta y las columnas de metal negro. El material era como un espejo oscuro en el que podías reflejarte. El mismo material con el que se forjan las espadas de Oscuridad, el mismo material de Lamento, que estaba en la espalda de Reginald.

Todo caballero de luz lleva su espada enfundada en el costado de su cintura. El metal ancho y brillante de sus cuchillas no es tan largo como para tocar el piso. Las espadas de oscuridad son diferentes: largas, más largas de lo que parece necesario para manejarlas en una batalla. Por eso Reginald la lleva en su espalda, evitando que la punta toque el suelo.

Caminando de regreso supo que este era el camino correcto. Las señales eran demasiado claras, pese a que la Luz quisiera que la negara. Reginald la veía como un ser vivo. En sus años dominando los artes del Caballero de Luz aprendió a dialogar con ella. La luz hablaba un idioma diferente: el idioma del mundo. Así que Reginald empezó a viajar de la mano de la Luz.

Era difícil entender para los demás caballeros, pero Reginald subió de rangos más rápido que otros de su misma edad. Claro que los rumores de que todo era gracias a las influencias de su padre, el Rey Federico, rondeaban las aulas.

Reginald le daba poca importancia a las acciones de los demás. La Luz lo había escogido y el fruto de su camino era la muestra de eso. Claro que terminó siendo el líder de la guardia real porque su madre no podía imaginarlo viviendo lejos de ella. Reginald era sin duda uno de los más diestros caballeros de luz de su rango.

En un instante todo cambió. Habían pasado tan pocos días desde ese entonces. Él recordaba con tristeza su encuentro con esa bruja capaz de controlar el hielo. De lo fácil que fue para ella tomarlo por sorpresa. Desde ese instante todo se perdió. La destrucción de su copia de las sagradas escrituras le quitó su control de la Luz. Sin ella era tan solo un espadachín más.

Reginald estaba consciente de que la vida nunca volvería a ser igual. Perder su conexión con la luz era algo para lo que nadie estaba preparado. Las advertencias eran claras: una vez que la conexión termina, solo el portador podrá dar uso a su copia de las sagradas escrituras. Sin ellas no existen los caballeros de la Luz.

Un instante había sido todo lo que se necesitó para perder años de trabajo.

Claro que ahora todo había cambiado. En su espalda colgaba su espada, Lamento. La conexión con la oscuridad realmente no se podía percibir así como la Luz. Esta vez Reginald sentía una conexión con el arma. Como si el metal estuviera con vida. Como si los dos compartieran el cuerpo.

Ese instante, Reginald recordó por lo que tuvo que pasar el día que llegó a Zurkaks. Las barras de metal que introdujeron en su cuerpo. El dolor de cada golpe del martillo. La conexión con su espada era más complicada de lo que comprendía. Los clavos negros y el ritual debían ser parte.

El dolor en sus brazos regresó. La sensación de ser atacado por dentro. De la batalla que tuvo que librar contra esa energía que emergeía de la espada. De lo cerca que estuvo de perder. Reginald estaba seguro de que el costo era la muerte.

Reginald estaba feliz de haber salido victorioso, mientras sus pasos seguros lo continúban llevando de regreso a la gigante torre de metal oscuro y piedra. Ansiaba continuar recorriendo los pasillos de ese nuevo mundo. De esa extraña cultura que se empeña en rechazar la Luz. Era obvio: los caballeros de oscuridad obtenían su poder de hacer lo opuesto a lo que la Luz pide de ellos.

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Sebastián Iturralde

Sebastián Iturralde

Un simple ciudadano de este hermoso planeta, eterno enamorado de la creación artística y de las letras, con la firme convicción de que la energía creativa surge de la naturaleza.

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