CARGANDO

Encuentra más aquí

18 Mar 2026 Relato Corto

Doble Cara

Las mentiras que se esconden tras las promesas de futuro suelen estar disfrazadas por la necesidad de control.

Doble Cara
Lectura aprox. 6 min
Palabras 1050
Compartir

📚 Disponible en otros idiomas

Domenic estaba seguro de que todo saldría como lo tenía planeado. Mientras caminaba por los pasillos del palacio de gobierno. Admirando a una de las asistentes del alcalde pasar. Su destino el día de hoy era el mismo de siempre. Así que se dirigía a la oficina de uno de sus subordinado.

—Señor alcalde—dijo un hombre al pasar, Domenic se demoró poco en buscar los ojos de la persona y sonreír.

—Bueno día, listo para un día de transformar a esta ciudad—dijo Domenic ampliando su sonrisa.

Luis, el hombre que solo pasaba cerca del alcalde empezó a cambiar su curso como si una fuerza lo obligara a acercarse a Domenic.

—Eres el hombre que estaba buscando—dijo Domenic al recordar el proyecto en el que estaban trabajando—. Recuerda que si logras cumplir todas las metas te espera un bono al fin del proyecto.

Luis sonrió al imaginar recibir un cheque extra.

—Mantén informado al equipo y vamos con todo. Cuento contigo—añadió Domenic, acercándose a Luis para estrechar su mano.

Para Domenic esto era común, aprendió que las personas pueden ser motivadas por futuras promesas que quizá nunca se efectúen. Después de todo, algunos de los requerimientos eran inalcanzables para casi todos.

El palacio de gobierno era una máquina bien aceitada. Todo se movía de acuerdo a los planes y las necesidades del pueblo eran cubiertas. Se vivía en una relativa calma, mientras se manejaban los recursos de una forma impecable.

Domenic dejó todo para tomar el cargo, y claro, este era su sueño. Aunque Dejar su viejo empleo fue más fácil que abandonar sus obligaciones conyugales. No era nada extraño ver a la mujer que por tanto tiempo fue el pilar económico del hogar, ahora frecuentar el palacio. Es posible que nada de esto fuese necesario y el señor alcalde se daría el tiempo para recibir las llamadas de su mujer.

La ciudad era más importante para Domenic, tenía poco tiempo para dejar su cargo y con impotencia ver a los demás robar. Así funcionaba el sistema. Nadie es capaz de cambiar algo que se creó de forma natural. Es como dejar que un humano lleve la caja registradora sin que la máquina tenga registro de las cuentas. Robar es natural cuando no existe una forma de ser atrapado. Las leyes tienen peso cuando es posible ejecutarlas.

Así que la vida personal de Domenic quedó en un segundo plano. Eran solo dos años que debía sacrificar para que los siguientes diez fueran para el despilfarro. Ya que la mejor parte de tener un amigo rico que disfruta gastar son las migajas del pastel. Quizá pase una década antes de que otro como él regrese a poner las cosas en orden. Alguien que ha sido capaz de dejar atrás la ambición.

Para Rebecca nada de esto era importante. La posibilidad de que Domenic ganara era ridícula. En realidad nunca la consideró y cuando las cosas empezaron a cambiar la tomaron por sorpresa. La seguridad que sentía en el amor de su pareja fue sustituida por soledad. La ausencia de Domenic empezó a pesar más de lo que ella quería haceptar.

Mientras tanto Domenic caminaba por los pasillos del palacio de gobierno. Asegurándose de que todos sus subalternos recuerden las promesas que el futuro puede dar. Siendo recordados de aquel que logró ganar la bonificación el mes pasado. Ese era el verdadero trabajo del alcalde y Domenic lo sabía.

Rebecca odiaba esta faceta. Estaba cansada del discurso, de las promesas. Miles de citas canceladas a último momento. Así que ella decidió ser parte del palacio, una decoración más esperando la oportunidad para interactuar con su pareja.

—Estoy cansada de que me digas que vamos a hacer esto y que vas a planear el otro—escuchó Domenic la voz por detrás y dejó todo atrás para acercarse a Rebecca.

—Te he dicho que no frente a ellos—susurró Domenic con una voz que pareció no ser capaz de salir de su boca.

Rebecca cruzó los brazos y giró hacia un costado.

Domenic la tomó por los hombros.

—Amor, acompáñame y hablemos en privado—dijo.

Todos sabían quién llevaba los pantalones en la relación. Sin embargo continuaban haciendo exactamente lo que Domenic ordenaba.

Una vez dentro del despacho del alcalde y después de que Domenic cierra la puerta.

—¿Acaso me tienes que esconder de la otra?—preguntó Rebecca.

—Estás entendiendo todo al revés—dijo Domenic acercándose a Rebecca—. Tú eres la única para mí y si no fuera porque quiero ayudar a esta ciudad.

—Estoy cansada de tus excusas—dijo Rebecca levantando el pecho.

Domenic se encorvó de hombros.

—Por favor, amor—suplicó.

—¿Crees que me puedes mentir como a todos los demás?—cuestionó Rebecca.

El cuarto se quedó en silencio.

—Desconozco a esta persona en la que te has convertido—continuó Rebecca.

Domenic bajó la mirada.

—Hoy fue la competencia de tu hijo—dijo Rebecca.

Domenic abrió los ojos mientras imaginaba el punto de partida con todos los padres preocupados de sus peques. Apoyándolos para que tengan las fuerzas necesarias para empezar.

—Papá ya no quiero ir—decía uno de los pequeños en la competencia.

—Estás en el punto de partida, este es el momento perfecto para lanzarte y disfrutar de la aventura—dijo su papá sin pensarlo.

Claro que mientras todo esto sucedía Domenic estaba perdido en su mente. Intentando solucionar todos los problemas de la ciudad. Esto hacía que la verdad que acabo de escuchar se volviera aún más real. La humillación de estar lejos en uno de los momentos más importantes de la vida de su hijo.

—¿También te olvidaste de eso?—preguntó Rebecca.

Domenic miró a Rebecca, su rostro triste.

—Te prometo que voy a estar más pendiente—respondió.

—Mentiras, estoy cansada de tus mentiras—dijo Rebecca con fuego en sus ojos.

—Esta vez va a ser diferente—dijo Rebecca.

—¿Diferente de la última vez que lo prometiste?

—Por favor, amor—dijo Domenic acercándose para abrazarla.

—No—dijo Rebecca estirando su brazo.

—¿Qué quieres que haga?—preguntó Domenic.

—Tú sabes lo que tienes que hacer—dijo Rebecca.

Domenic abrió los ojos en confusión. Todas las células de su cuerpo le decían que debía estar presente para que los demás actúen. Pero quizá sus promesas estaban tan bien formuladas. Documentos oficiales con condiciones casi imposibles de alcanzar. Era hora de probar si su trabajo había dado frutos.

—Está bien—finalmente dijo Domenic—. Vamos a buscar a James para que me cuente todo.

¿Te gustó el relato?

Sebastián Iturralde

Sebastián Iturralde

Un simple ciudadano de este hermoso planeta, eterno enamorado de la creación artística y de las letras, con la firme convicción de que la energía creativa surge de la naturaleza.

Sígueme

Comparte tu opinión

¿Qué te pareció esta historia? Envía un tweet con tus pensamientos y comparte con la comunidad.

0 / 140 caracteres

¿Cómo funciona compartir en Twitter?

Tu comentario se compartirá como un tweet con un enlace a esta historia.

Se agregarán automáticamente: el título, una mención y el enlace.