Voces del Alma
¿Y si la voz que escuchas fuera la de Dios guiándote hacia tu destino? Simon lo cree y ha pasado diez años probándolo. Una historia de fe y milagros.
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¿Y si la voz que escuchas fuera la de Dios guiándote hacia tu destino? Simon lo cree y ha pasado diez años probándolo. Una historia de fe y milagros.
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Issac está seguro de que el camino que toma es el correcto. Su buena fortuna prueba que mientras otros no saben cómo brillar, él destella ante los demás. Para él, una mañana cualquiera comienza muy temprano. Listo para producir. En su hogar todos despiertan con el retumbar de sus botas.
Vestirse es apenas la expresión del ser. Muy temprano se prepara un café para analizar los documentos de su escritorio. Libretas llenas de datos de personas. Una por cada paciente. Páginas y páginas de información confidencial que recibió. Todo listo para analizar cada caso que atenderá.
Issac era asertivo en sus decisiones médicas. Cada diagnóstico requería un análisis detallado. Todos los perfiles eran importantes.
Así continuó su mañana mientras el resto de su familia regresaba a dormir. Su esposa ya estaba acostumbrada al caos de las madrugadas, cuando la mente de ese hombre parecía bullir al punto de explotar. Para los demás era fácil ignorarlo, aunque era común que todos sintieran que despertaban de una pesadilla.
Después de organizar su estrategia durante horas, lo común era sentarse frente a la mesa del comedor. Aquí empezaba el trabajo de los demás. La vida era una serie de actividades que debían cumplirse. Issac miraba a su mujer cocinar con los párpados pesados, sosteniendo un cubierto en las manos.
Este sería un día más en la rutina de Issac. Otro día analizando a sus pacientes en búsqueda de trastornos.
—Es muy interesante lo que dices—repetía Issac a sus pacientes—, ¿cuándo empezaste a sentirte así?
Todo estaba siendo escuchado por máquinas. Sin fin de micrófonos en todas partes. Las personas empezaron a llevarlos en sus bolsillos. El monitoreo del mundo era total. Mientras una computadora cuántica analiza los datos, muchos pensaban infantilmente que su capacidad de procesamiento era para crear vida. La realidad es que era para saber todo lo que sucedía en todas partes.
Issac era apenas un circuito de esa computadora que lo sabe todo sobre nosotros.
Sus pacientes alimentaban información a la base de datos. Sin consentimiento se creaban perfiles para predecir comportamientos.
—Todo empezó cuando la voz empezó a hablar sin mi consentimiento—dijo Simon.
—¿Te está hablando en este momento?
—Me dice que no debería estar hablando de esto. Que nos están escuchando. Ellos, los que nos quieren hacer daño.
Issac anotó en su tablet.
—¿Puedes entablar una conversación con esta voz?
—Funciona más como el sentido del equilibrio—dijo Simon, mirando hacia el techo—. Me dice lo que tengo que hacer justo cuando debo hacerlo. Gracias a ella todo parece estar saliendo correctamente.
—¿A qué te refieres con que está saliendo correctamente?
—Sé que no es normal. Luché durante años en contra de ella e intenté ignorarla. Pero siempre regresa. Siempre me dice lo que debo hacer. Hace poco decidí que era hora de escucharla. De hacer todo lo que dice. Aunque solo sea por un tiempo. Para ver qué pasa. Usted me entiende—dijo Simon.
—Interesante. ¿Por cuánto tiempo decidiste seguirla?
—En realidad nunca me detuve. Una vez que empecé, cosas sorprendentes sucedieron. Como si las cosas se alinearan en el lugar correcto. La oscuridad que me rodeaba dejó de existir y mi vida se llenó de luz. Claro que el tiempo que pasé alejado del camino correcto me dejó heridas que aún estoy sanando.
—Me gusta el tono que usas—dijo Issac—. Se puede ver una sonrisa en tu rostro. Imagino que estás aquí para hablar de lo que estás sanando.
En ese instante, una notificación llamó la atención de Issac. Al bajar la mirada, la aplicación de chat estaba abierta. “Háblame más sobre esta voz que te dice qué hacer.”
Issac se quedó congelado. Tratando de procesar lo que estaba sucediendo. Quizá se presionó accidentalmente el botón de escucha y por eso el texto de todo lo que Simon habló aparecía en pantalla.
Las palabras de Simon parecían perderse antes de llegar a Issac, quien trataba de continuar.
—Regresando a esta voz—dijo Issac interrumpiendo—, puede ser algo bueno si la sigues mientras utilizas tu brújula moral para diferenciar entre el bien y el mal.
Simon se sintió atacado, deteniéndose completamente. Luego miró con atención al psicólogo. El cambio repentino despertó sus señales de alerta. Con un nudo en el estómago, intentó continuar. Seguro de que algo más allá de la mente de Issac estaba interviniendo.
—Pues—dijo Simon, sintiendo la obligación de continuar—, prefiero no tener la capacidad para distinguir.
—Eso puede ser peligroso—dijo Issac—. Seguir una guía que te puede llevar a hacer daño a otros.
—En realidad no lo había considerado—respondió Simon impulsivamente—. En los diez años que sigo sus órdenes, jamás me ha llevado a hacer algo que comprometa mi felicidad.
—Entonces eres tú quien decide qué cosas te harán feliz.
—Es más como caminar con los ojos vendados mientras confías—dijo Simon, recordando con felicidad todas las experiencias que ha logrado vivir gracias a Él.
—¿Cómo puedes estar seguro de que tus acciones te llevarán a la felicidad?—preguntó Issac, con la certeza de que el camino correcto debe ser el que uno escoge gracias a los gustos que Dios nos dio.
—La felicidad dejó de ser una meta cuando la encontré—dijo Simon—. El camino está lleno de obstáculos que la limitada capacidad humana jamás podría evadir. Cuando dejas de escuchar tu propia voluntad, empiezas a escuchar la voluntad de Dios. La única forma de experimentarla es haciéndolo. Pero una vez que lo hagas, verás que la vida se llena de milagros.
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