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29 May 2024

El Cazador del Bosque de Concreto

El Cazador del Bosque de Concreto
Lectura aprox. 6 min
Palabras 1003
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Dejando que el tiempo pase para ver a sus compañeros salir de clases, Charlie esperaba en un parque. La vida parecía sencilla afuera de las aulas. Libre de hacer lo que el desee. sin embargo, desde los ojos de los que lo ven a la distancia. Charlie estaba desperdiciando su vida.

El todavía usaba el uniforme de su colegio. En realidad Charlie no estaba esperando para ver a sus compañeros. El pronto notó que mirar a las chicas del colegio femenino era todo lo que necesitaba para sentirse feliz. Como si una mirada fuese suficiente. Charlie esperaba con ansias a que llegue la hora en la que todos salen. Claro que no existia seguridad. El no sabía si sería capaz de mirar a la chica que tanto le gusta.

Poco antes de que la hora tan esperada llegue Charlie notó que el parque quedó desolado. El se levantó para mirar de un extremo al otro. Nada. Ni una persona. Charlie recordó que al llegar está rodeado de gente. Esta era una extrana coincidencia. Así que empezó a caminar en búsqueda de una respuesta. En algún lugar debía estar una persona para preguntarle lo que sucedía.

Su búsqueda fue en vano. Charlie se encontró con una ciudad desolada. Los negocios aparentemente abiertos también estaban vacíos. Era como si de alguna forma las personas desparecieron dejando todo tal y como se encontraba. Restaurantes con mesas cubiertas con platos recién servidos.

El corazón de Charlie empezó a latir con fuerza. El no era capaz de encontrar una respuesta para lo que había sucedido. Charlie se sintió solo en una ciudad que hace tan solo unos minutos parecían estar llena de vida. Cómo era posible y porqué era que el único que seguía caminado por las calles de la ciudad.

Charlie está solo y la preocupación empezó a crecer; las paredes parecían tener su propio idioma haciendo a la soledad cada instante más real. Él escuchaba al viento correr entre los gigantescos edificios vacíos. Charlie empezó a correr en búsqueda de alguien, cualquiera. Mientras su corazón latía con fuerza escondiendo el temor que la soledad empezaba a ejercer sobre él.

El silencio de la soledad empezaron a ser insoportables. Cualquier minúsculo ruido se apoderaba de la realidad. Haciendo que Charlie se sobreexlante para evitar un confrontación. Con el silencio la naturaleza empezó a recuperar su dominio.

Charlie escuchó pasos. Pasos rápido y seguidos. Era obvio que no se trataba de un humano. El miedo empezó a meterse en los huesos de Charlie. La realidad de lo que estaba sucediendo poco a poco convirtiéndose en lo único que Charlie conoce. El miraba de un lado para el otro en búsqueda de algo. De alguna respuesta. Deteniéndose completamente al escuchar un grujir.

Era imposible. Nada era capaz de crear un sonido de esa naturaleza en la ciudad. Sin embargo Charlie sintió sus rodillas temblar y lentamente se agachó para evitar ser observado. El podía sentir una mirada. Él está casi seguro de ser el objetivo de algún cazador. Así que mantuvouvo su cuerpo bajo.Escondiéndose de la realidad.

El mundo le estaba jugando una mala pasada. Todo lo que sucedía se sentía real. Charlie seguia escondiéndose mientras el miedo seguia creciendo. El recuerdo de que todas las personas de la ciudad habían desaparecido era irrelevante. Nada importaba ahora que su cuerpo le dicia que su vida estaba en peligro.

La mente racional perdió protagonismo. Ahora escondida en lo más profundo del conciente, mientras la realidad parecía haber sigo encendida. De forma casi inmediata todos los sentidos de Charlie se activaron. Ahora lo único que importaba era salir ileso. Esconderse para que la criatura no lo encuentre.

Los pasos del animal eran firmes. Su objetivo claro. Encontrar el sustento para continuar con su vida era crucial y la vacía cuidad el lugar perfecto. Sus garras retraídas estaban listas para ser incrustadas en la piel de su presa. El olfato le ayudaba a navegar el laberinto de construcciones. Alerta. Seguro de atacar al notar cualquier clase de movimiento.

Charlie esperaba con las manos sobre el piso. Escondido tras un vehículo. Mirando entre los neumáticos en búsqueda de algo que responda sus interrogantes. Cuando lo vio. La piel amarillenta de la criatura. Sus paws asentadose contra el pavimento en cada paso. Charlie se quedó sin aliento. Incapaz de respirar. Intentando no hacer ruido.

La preocupación desapareció de forma inmediata. Lo único que su mente podia considerar era la realidad. El momento. Seguro de que cualquier movimiento seria el último.

Charlie vio a la criatura girar en subdirección. Vio los ojos brillar por un instante antes de esconderse tras el neumático. Acaso me vio. Charlie sabía que su vida estaba en peligro. El frío del temor empezó a tomarse su cuerpo. Correr sería inútil. Lo único que le quedaba era esperar que la vida le de una segunda oportunidad.

Con su respiración agitada Charlie escuchó los pasos de la criatura acercarse. Él estaba seguro de eso. Algo sea acercaba lentamente. Algo que atentaba con su existencia. Algo de lo que no podía escapar. Algo… Una mano sobre el hombro de Charlie lo regreso a la realidad.

“Estás bien?” preguntó Pauline.

Charlie no pudo ocultar su reacción y cuando se dió cuenta de lo que sucedía ya era demasiado tarde.

“Qué haces ahí?” ella preguntó.

Charlie empezó a recibir la realidad. La gente volvió al parque. Todo era tal y como recordaba solo que ahora se encontraba cerca de un árbol en medio del parque.

“Te estaba buscando,” dijo Pauline. “Pensé que no ibas a venir. Estaba a punto de ir mi casa.”

Charlie recordó lo que estaba haciendo antes de… Que era lo que había sucedido. Acaso estaba perdiendo… Era mejor no enfocarse en aquellos detalles y continuar con el día tal y como tenía planeado.

“Te estaba esperando,” dijo Charlie al levantarse y abrazar a Pauline cómo si en las últimas dieciséis horas hubiese pasado una eternidad.

Pauline se sorprendió por lo caluroso y prolongado del del abrazo. Algo le debe estar sucedido.

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Sebastián Iturralde

Sebastián Iturralde

Un simple ciudadano de este hermoso planeta, eterno enamorado de la creación artística y de las letras, con la firme convicción de que la energía creativa surge de la naturaleza.

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