Jugador en Línea
Maximus no piensa conformarse con un sistema anticuado cuando sabe exactamente cómo cambiarlo.
Maximus no piensa conformarse con un sistema anticuado cuando sabe exactamente cómo cambiarlo.
El sonido de la alarma nunca me hizo sentir listo para levantarme. Me esforcé por girar y salir de la cama. Teniendo solo la noche para mantener mi ranking mundial, desvelarme era casi obligatorio. Hoy debía llegar a tiempo para mi segundo día de trabajo, aunque después de lo sucedido ayer, el día había perdido importancia.
Entré en el baño y noté un golpe sobre mi hombro. Se veía de un color fucsia. Lo toqué con la mano opuesta y sentí el dolor correr por mi brazo. Al parecer había caído mal en una de las partidas. El nivel de juego había llegado a ser tan competitivo que perdió su magia; mantener mi posición era un trabajo extra.
Me metí bajo el agua de la ducha y sentí paz. Los recuerdos de la noche anterior seguían despiertos; imágenes de escenas trascendentales corrían por mi mente. Al salir del agua, el dolor regresó. Mi brazo derecho se movía con dificultad y vestirme fue todo un reto. Finalmente logré salir de casa.
Esperaba con ansias encender la patrulla. Esta vez llevaba herramientas. Al abrir la puerta, el sistema despertó y me dio la bienvenida con su anticuada voz. Entré para desconectar los cables del sistema interno. Una vez que los tuve a la mano, abrí el maletín y saqué mi computador. Lo coloqué sobre la laptop cerrada de la patrulla, conecté los cables y levanté el monitor. El sistema operativo era sencillo, pero nadie parecía entender cómo usarlo.
Luego de ingresar la contraseña, el sistema arrancó. Abrí algunas ventanas para analizar los sistemas de la red cerrada de la policía. No era mi primera visita, pero todo es mucho más sencillo cuando tienes acceso directo y abierto. Encontré los archivos del programa que debía cambiar; entre ellos estaban los comandos de voz del sistema de despacho. Actualicé algunos de sus códigos obsoletos con interfaces abiertos. Para actualizar los sistemas necesitaba acceso a la red pública, así que debía hacer algunas modificaciones a la patrulla. Salí y me dirigí a la puerta del copiloto.
Mientras los archivos se transferían, empecé a instalar un acceso a la red pública. El aparato debía conectarse al computador de la patrulla, así que lo escondí para que no quedara a la vista. Tomé el cable que había quedado suelto y lo corté. Una vez que encontré los colores correctos, los conecté con los cables de la antena celular. Esa era la parte más difícil del trabajo. Luego de empatar los cables, traté de cubrir el corte.
Para cuando regresé a mi lado de la patrulla, los archivos habían terminado de transferir. Cerré mi computador, desconecté los cables, lo guardé en su estuche y lo dejé en la cajuela. Al terminar de reconectar los cables, encendí el computador de la patrulla.
—Buenos días, subteniente Overdrive —sonó la misma bella voz femenina del juego.
Siempre me gustó personalizar las opciones de los juegos. Con esta voz sí podía trabajar.
Encendí el motor de la patrulla y salí del edificio. Presioné el botón de disponibilidad en el monitor, pero no apareció ninguna misión a la que pudiera asistir, así que activé el sistema de navegación.
—Jefatura —dije al aire, en espera de una respuesta. Sabía que era una opción sencilla.
El sistema tardó en responder.
—Sistema de navegación activado —dijo la bella voz.
El piloto automático marcó el rumbo y dejé que mi cuerpo descansara sobre el asiento. El dolor regresó, aunque era casi imperceptible. Puse la mano izquierda sobre el hombro y cerré los ojos.
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