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10 Jun 2026 • 🔫 Bala y Colmillo

La Oveja y el Lobo

Para Gastán, el descubrimiento de Júpiter es una oportunidad que no puede esperar, aunque nadie sepa todavía cuál será su precio.

La Oveja y el Lobo
Lectura aprox. 4 min
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Palabras 772
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Júpiter llegó al laboratorio para revisar las nuevas muestras de tejido humano. Gastán lo esperaba en la puerta.

—Júpiter, tengo detalles importantes que discutir —dijo Gastán al verlo llegar.

Ese día Gastán vestía como uno más de los doctores; su bata blanca se veía impecable. Júpiter traía un abrigo negro debido al intenso frío de las mañanas en Tessa.

—Claro, Gastán, pero primero debo entrar al laboratorio para analizar los resultados —respondió Júpiter, dando poca importancia a lo que Gastán tenía en mente.

Júpiter había logrado repetir el resultado en un hígado y buscaba comprobar si el tratamiento funcionaría con otros órganos humanos. Hasta ahora, solo había observado la recuperación de un riñón y un hígado.

—No hay tiempo para eso —dijo Gastán en un tono que mostraba su descontento.

¿Acaso Júpiter no entiende lo alto que podemos llegar? pensó. Gastán siempre se había sentido defraudado por Júpiter y creía que se necesitaba más que una mente brillante para triunfar.

—Sígueme —dijo, y se dirigió a su despacho.

Júpiter seguía siendo un empleado de la organización y Gastán no le había dado opción de quedarse. Lo siguió sin hacer preguntas. Caminaba soñando con lo que podría lograr gracias a su descubrimiento. Parecía increíble, pero dentro de un ambiente controlado había conseguido recuperar órganos que se daban por perdidos. Por ahora, había trabajado con órganos extraídos poco después de la muerte del paciente.

Ginebra se levantó al ver a Gastán.

—Doctor, están listos los formularios que solicitó —dijo sin quitarle los ojos de encima.

Ginebra se veía incluso más atractiva ese día. Su blusa parecía flotar alrededor de su cuerpo y una falda corta marcaba sus curvas. En ocasiones, el vaivén de la blusa dejaba ver su abdomen desnudo.

Júpiter intentó mirar con compostura, pero sus ojos lo traicionaron. Le fue difícil apartar la vista de ella en los pocos pasos que dio camino al despacho de Gastán. Esta vez sus miradas no se cruzaron, y ese fue un golpe que Júpiter no esperaba recibir.

Gastán tomó los documentos y continuó sin decir una palabra. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. Todo un mundo se estaba abriendo frente a él, y estaba listo para enfrentarlo.

—Sigue —dijo luego de abrir la puerta del despacho.

Júpiter entró y volvió a encontrarse con el gran escritorio donde hacía poco había firmado su nuevo contrato. Se quedó un instante mirando mientras Gastán pasaba junto a él para ocupar su lugar. Luego tomó asiento en una de las sillas frente al imponente escritorio.

Gastán colocó los documentos sobre el escritorio.

—¿Cómo se desarrollan los nuevos tejidos? —preguntó.

Gastán había recibido los reportes. Aun así, esperó una respuesta del científico al que acababa de impedir que revisara las muestras.

Júpiter lo miró con intriga. Sabía que Gastán tenía algo en mente. Se mantuvo en silencio; no quería empezar una explicación para ser interrumpido. Debía ganarse el respeto que merecía.

—¿Podemos ser concretos? —respondió Júpiter.

Gastán lo observó por unos segundos.

—Ayer le presenté los resultados al presidente Fortín —dijo finalmente—. Es importante realizar un trasplante usando uno de los órganos recuperados.

Lo dijo en un tono serio y seguro.

Júpiter abrió los ojos. Había pedido voluntarios para hacer pruebas, pero no esperaba pasar tan pronto a un trasplante. Recuperar un órgano en el laboratorio no demostraba que pudiera funcionar dentro de un receptor. Aun así, la idea de ser los primeros en lograrlo lo emocionaba. Después de tantos resultados ignorados, su trabajo empezaba a importar.

—No te quedes callado. Necesito empezar lo antes posible —añadió Gastán, que observaba a Júpiter con curiosidad.

Júpiter repasó las pruebas que aún faltaban. Finalmente levantó la mirada.

—Debo realizar más pruebas antes de proceder. Todavía no sabemos cómo responderá el órgano dentro de un receptor —dijo.

—Excelente. Espero los resultados hoy en mi escritorio —dijo Gastán, satisfecho.

Júpiter se levantó.

—Si me permite, debo retirarme —dijo mientras una tormenta de ideas viajaba por su mente. Se dio la vuelta y se dirigió a la puerta del despacho.

—Confío en que esto está en buenas manos —dijo Gastán en un tono amenazador.

Ginebra esperaba junto a la puerta del despacho cuando Júpiter salió.

—Hola —dijo cuando la puerta se cerró.

Empezó a jugar con el cuello de la camisa de Júpiter.

—Puedes dejar los resultados conmigo, si quieres —dijo, y dejó que sus labios acariciaran la mejilla enrojecida de Júpiter—. Hasta luego, doc.

Luego se alejó de él.

Júpiter caminó con miles de ideas chocando en el interior de su cabeza. Gastán quería los resultados ese mismo día. Todavía no sabía si las pruebas le permitirían dar la respuesta que su jefe esperaba.

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Sebastián Iturralde

Sebastián Iturralde

Un simple ciudadano de este hermoso planeta, eterno enamorado de la creación artística y de las letras, con la firme convicción de que la energía creativa surge de la naturaleza.

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