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Desamor
junio 15, 2015|Relatos Cortos

Desamor

Desamor

Este ha sido un día que quisiera olvidar, quizá, dejando mis pensamientos atrapados en esta hora de papel los pueda dejar ir.

Claro que el problema sigue creciendo, pese a mi insistencia por solucionarlo. Sin embargo, luego de tomar la difícil decisión de marcharme de la ciudad, hoy, por fin, logré dejar mis organizar mis asuntos pendientes, y me preparé para salir.

No obstante, la vida se cruzó en mi camino. De todas formas, estaba dispuesto a hacer lo que sea necesario para continuar con mi viaje, sin embargo, jamás pensé encontrar sus ojos color miel, cuando nuestras miradas cruzaron supe que las circunstancias no eran adecuadas para el amor.

Fue sencillo perder el rumbo para acercarme a ella, sentí que estábamos hecho el uno para el otro, nos fuimos perdiendo entre sonrisas y miradas. Al caminar por la ciudad recibí una señal, los dos nos detuvimos para observar en la vitrina de una local comercial, era de imaginarse, en el interior se encontraba un vestido blanco y un letrero con la palabra “esposita” escrito en letras rosadas. Giré para mirarla y sentí que ella también pudo ver un destello en los ojos.

Continuamos, perdiéndonos en las calles de la ciudad, no existía el mañana, era suficiente mirarla caminar a unos pasos de mi para ser feliz. Cada vez que nuestros ojos cruzaron pude ver un destello de luz, necesitaba sentirla entre mis brazos para protegerla del mundo. Luego de que nuestras manos se encontraron por primera vez, supe que no podría dejarla ir, y dejé que ella cambie el rumbo de mi vida.

Al poco tiempo estábamos en la puerta de su casa, sentí que debía dar un paso antes de aceptar su invitación, así que, al detenernos frente a su casa la tomé con una mano por la cintura, nuestras miradas cruzaron haciendo que el tiempo se detenga. Ella empezó a cerrar sus párpados cuando me acerqué para besar sus labios.

Una vez dentro de su casa, me esforcé por explicar mi decisión para salir de la ciudad, sin embargo, ella insistió en no darme alternativa. Estaba atrapado, fue mi error entrar en su casa.

Sin embargo, algo estaba mal, noté ciertas similitudes en la decoración del lugar, no podía ser, esta mujer era la hija del granjero, que en paz descanse. Ese instante todo cambió, empecé a notar ciertas acciones que la delataron.

Claro que todo parecía normal hasta que acepté tomar un té, por una puerta vaivén salió “la muchacha,” ella debía ser cómplice de la venganza. Así que supe, debo buscar un lugar para tener esa entrada a la vista, sin embargo, que la puerta siempre esté cerrada fue la causante de todo.

En realidad no me asombró ver el curro robusto de “la muchacha.” Intenté mirarla a los ojos y enviar un mensaje oculto para que ella no sospeche. Después de todo, ellas no sabían que descubrí sus planes, tenía que buscar una forma de huir.

En la mesa se presentó un pequeño banquete de golosinas, sin embargo, solo había un cuchillo de mesa. Ellas querían darme una oportunidad, esto se estaba convirtiendo en una competencia. Sin embargo, solo podía estar seguro de una cosa, mi vida estaba en peligro.

Cada cierto tiempo, “la muchacha” sale para ver si todo está bien, claro que escucharla repetir la misma frase me ayudó a descifrar su mensaje decreto. No pude esperar a ser sorprendió y decidió tomar la iniciativa.

Noté lo difícil que será limpiar al suelo del lugar. Sin embargo, esta era la trampa que ellas planearon, no podía pensar en esos detalles, aunque, hubiese preferido que sea diferente. El cuchillo de mesa era parte de su trampa, usarlo les daría el tiempo necesario para seguir con el siguiente paso de su plan. Así que, mirando, con discreción, encontré una esfera de cristal que podría ser de mucha ayuda.

Al terminar del té, ella dejó una serie de indicaciones a “la muchacha” y me invitó a subir. Sin que ellas lo noten tomé la esfera de cristal, era más pesada de lo que imaginé, y la guardé en el bolsillo. Al subir tras de ella sentía que mi vida corría peligro, así que cuando llegamos al siguiente piso tomé la esfera en mi mano. Ella no esperó el primer golpe en la parte posterior del cráneo, sin embargo, tuve que empujarla que que caiga al piso, y la golpee repetidamente hasta que dejó de forcejear.

Ella estaba sangrando demasiado, así que la tomé de una pierna. Era importante tenerlas a las dos juntas, la arrastré al bajar las gradas y fui en camino de la puerta vaivén.

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Sebastián Iturralde

Autor de relatos cortos, y novelista en desarrollo.

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