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Limbo
julio 31, 2019|Relatos Cortos

Limbo

Limbo

Carmen subió al bus de la forma que ella acostumbra, con su atuendo revelador, bajo una máscara de maquillaje. Esta era su forma preferida de viajar por las calles de la ciudad, escondida de mundo. Las personas a su alrededor ponían demasiada atención a su atuendo, se concentraban en lo artístico de su maquillaje. Ella sentía paz, escondida tras su disfraz.

De igual forma que en múltiples ocasiones, ella sentía las miradas de los demás, aunque ellos no la podían ver. Sin embargo, al otro costado del bus se encontraba Marcus—un hombre alto y erguido. Él buscaba la forma de atravesar la multitud para encontrar un espacio y disfrutar el viaje, sin embargo, su caminar fue tropezado por la luz que emana Carmen, un aura que aleja a los temerosos.

Marcus debía aprovechar este desliz del destino, sin mirar a Carmen, él continuó en camino a la fuente, era evidente que ella era a quien estaba buscando cuando notó el espacio vacío que la rodeaba. Desde luego, no había un hombre de su liga en el bus.

Sin embargo, Marcus se quedó junto a ella, tan cerca que sentía estar bajo su aura. Ella brillaba con la luz de un estrella fugaz, o al menos él lo pensó así. Estar a su lado era suficiente, más aún cuando él podía mirarla, por así decirlo, él únicamente miraba a Carmen por un instante, intentando que ella no lo note.

Carmen sospechaba del extraño a su costado. Ella le prestó poca atención y se quedó mirando por las ventanas laterales del bus, de pie junto a un asiento, arrimada para esconder, un poco, su figura.

Con el pasar del tiempo él intentó comunicarse. Hablar con ella sin usar palabras, haciendo que sus auras jueguen entre ellas. Marcus sentía un fuego brotar de su pecho, un puente que conectaba sus pulsaciones. Él no podía utilizar sus otros sentidos, y la magia era el único que parecía suficientemente imperceptible, él soñaba con ser capaz de canalizar esta energía que brotaba cuando se encontraba con alguien como ella, aunque estas coincidencias era poco frecuentes. Así que continúo coqueteando con ella, acariciando el aura de Carmen con la suya.

Carmen lo regresó a ver, quizá solo fue un instante, o ella estaba mirando más allá de él. Pero Marcus lo sintió como si fuese real, él estaba seguro que de ella lo podía sentir, y al parecer lo estaba disfrutando. Así que, él se dispuso a continuar cuando el bus frenó sin aviso.

Ella se sostuvo para no tropezar y Marcus la sintió acercarse, más de lo que soñó posible.

“Casi,” dijo Marcus cuando el bus se detuvo.

“Casi,” dijo Carmen, “pero no.”

“Quizá en otra oportunidad,” él dijo levantando un ceja.

Ella bajó la mirada, sonriendo para sí misma.

Ella lo vio acercarse, tomándola por el mentón, levantando el rostro de Carmen, rodeándola con su energía. Ella no pudo detenerlo y sus labios se encontraron, la explosión fue más de lo que esperaban. Ella cerró los ojos, dejándose llevar por el instante, sin pensar en lo que estaba sucediendo. Una mano la tomó del muslo, presionando con fuerza, haciendo que por su cuerpo viaje una corriente.

Una nube de ideas llegó de repente. Oscureciendo el brillo que brota de Carmen, ella se cerró, se apagó. Abrió sus ojos, y lo alejó. Pero ella ya no estaba en el mismo lugar; el bus se transformó en un jardín en la mitad de un bosque, ella estaba arrimada a un árbol.

“¿Qué está pasando?” preguntó ella.

“Hola, Carmen,” él dijo. “Me llamo Marcus, llegué hace poco a la Tierra y tú eres el ser más hermoso que he conocido en mi viaje por la galaxia.”

“Pero,” ella dijo, “¿Qué es este lugar? ¿Dónde estoy?”

“Disculpa,” él respondió, confundido. “Este es el lugar al que viaja la mente cuando dos almas chocan.”

“¿Viaja la mente?” ella preguntó.

“El tiempo se detiene, por un instante y nos deja vivir esta pasión, aunque nuestras vidas no la puedan disfrutar.”

“¿A qué te refieres?”

“Mi viaje está por terminar, y tu cuerpo no será capaz de soportar una travesía interestelar.” él dijo. “Lo único que nos queda es este lugar y este instante. En realidad estoy por bajar del bus.”

Carmen no podía creer todo lo que escuchó, ella tenía miedo. Cómo es posible que… esta es su única oportunidad de vivir una, recién adquirida, fantasía. Así que se obligó a apagar su mente, ignorar sus ideas y dejarse llevar.

Aves trinaban alrededor de ellos, mientras el verde césped los rodeaba, y altos árboles esconden de las estrellas. Él estaba desnudo a pocos pasos de ella, su cuerpo decorado con sutiles músculos. Carmen notó que también se encontraba casi desnuda, con las prendas justas para no sentir vergüenza, ella recordó la explosión de energía que sintió, y se acercó. Besando al extraño en medio de la naturaleza.

Ella sentía la piel desnuda de su compañero sobre la suya, mientras la intensidad de sus besos continuaba incrementando. Ella no quería entender o dar una explicación a lo que estaba sintiendo, sus instintos más básicos tomaron control de su cuerpo, y ella pasó su mano sobre el abdomen de Marcus. Sin querer mirar, ella lo sintió entre sus dedos, deseando tenerlo un poco más cerca.

Él la tomó de sus glúteos y se dejó caer hacia atrás. Para su sorpresa, ella cayó despacio sobre él, a milímetros de unirse. Carmen disfrutó las suaves caricias entre sus piernas, y decidió tomar el control de la situación, siendo ella quien dirige no lo dejó entrar. Sin embargo, los dos disfrutaron de la tentación, a un empujón del éxtasis. Ella siguió jugando con él, dejándolo entrar lo suficiente para que él sepa, pero no tanto para dejarlo perderse en placer.

Ella quería aprovechar este encuentro, segura de que no podría volver a suceder. Pero necesitaba un poco más. Marcus pareció entender el mensaje cuando la tomó con fuerza. Ella sintió la presión en sus piernas, y él empezó a moverla. Ella cerró los ojos y no pudo controlar sus gemidos, sintiendo las respetuosas caricias pedir permiso para entrar un poco más. Sin embargo, Carmen no hizo nada para cambiar su posición, obligando a su compañero a continuar. Una y otra vez hasta que ella no pudo más.

El cuerpo de Carmen se sacudió con leves espasmos, y cayó, exhausta, sobre su compañero. Con los ojos todavía cerrados, sintiendo un poco de él, todavía, en su interior. Ella intentó despertar del sueño, levantando levemente su cuerpo, pero Marcus se opuso. Él la tomó nuevamente de los muslos y empezó su súplica por entrar un poco más. Ella se dejó llevar, sin estar lista para volver a empezar, sin estar segura de haber tomado el suficiente tiempo para recuperarse. Ella mantuvo sus ojos cerrados y fue en búsqueda del éxtasis.

Una vez más perdió la batalla, los espasmos musculares fueron aún más intensos, dejándola rendida sobre su compañero. Esto no podía quedar así, después de todo, ella estaba sobre él. Así que, Carmen tomó un fuerte respiro y empezó a mover sus caderas, en un movimiento repetitivo, constante, e intenso. Hasta que finalmente escuchó el gemido de su compañero, ella sabía que este era el camino correcto así que continuó.

Sin embargo, y para su deleite, ella volvió a perder la batalla. Su cuerpo agotado descansaba sobre el de su compañero, disfrutando el juego del destino. Pero él no puedo esperar más y volvió a empezar, solo que esta vez entró un poco más. Carmen tomó un fuerte respiró al sentirlo, ella no pensó que la sensación podía mejorar. Él la tomó de los glúteos y la volvió a mover, para adelante y atrás, asegurándose de ejercer la presión exacta para incrementar el contacto. Ella volvió a perderse en el pecho de su compañero.

Exhausta, sin tomar en cuenta que solo habían pasado quince minutos, decidió volver a intentar. Esta vez llevó su cuerpo hacia atrás, dejando que entre hasta ya no tener más espacio y sintió las manos de Marcus sobres sus glúteos, solo que estas vez la intentaban detener.

¿Qué crees que haces? pensó Carmel, tomando las manos de su compañero y llevándolas atrás de la cabeza de Marcus. Ella lo sostuvo con fuerza y continuó sin detenerse, disfrutando los gemidos de su compañero. Y ella sintió el movimiento de cadera de Marcus, se sintió obligada a abrir la boca y respirar con fuerza. Poco después, una pequeña explosión en su interior.

Ella abrió los ojos, y como Marcus había dicho: él estaba bajando del autobús.

6 comentarios
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Sebastián Iturralde

Autor de relatos cortos, y novelista en desarrollo.

6 comments

  • elcieloyelinfierno
    julio 31, 2019 at 10:10 pm

    ¡ Genial cosmovisión Sebastian ! Un amor interestelar en un bus urbano; en donde las almas juguetean entre si, antes de finalizar en un éxtasis inigualable!! Excelente. Un abrazo.

  • agosto 1, 2019 at 10:00 am

    Muy interesante

  • agosto 1, 2019 at 1:43 pm

    Me ha gustado un montón!

  • agosto 3, 2019 at 2:40 pm

    Qué locura! Linda locura

  • agosto 25, 2019 at 4:27 pm

    Que relato más cerca de la línea morbo y dulce de un encuentro de dos seres que se n e sigan

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    • karhunluola en Introspección: “Tienes una imaginación única, con toques de Borges y Kafka. Gracias por compartirlo.Ago 21, 16:55
    • elcieloyelinfierno en Introspección: “¡Muy buena entrada e inmejorable relato! Excelsamente hilvanado...asombra! Un abrazo.Ago 21, 16:09
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